Sermones / Serie: Romanos / Parte 2

Romanos 5:5-11

Salvados de la ira de Dios por Cristo

Bosquejo

5 secciones
  1. I.IntroducciónMinuto 00:00
  2. II.La Salvación de DiosMinuto 01:08
  3. III.La Ira de DiosMinuto 04:14
  4. IV.La Paz con DiosMinuto 05:34
  5. V.La Reconciliación con DiosMinuto 25:36

Transcripción

Lectura de 17 min ·

Introducción

Primero leer lo que tocó Efrén la semana pasada, y después seguimos el trocito más hasta el versículo 11. El versículo 11, empiezo Romanos 5, verso 1.

Dice la palabra del Señor: justificados pues por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo, por quien también tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios. Y no solo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia, y la paciencia prueba, y la prueba esperanza.

La Salvación de Dios

Me detengo aquí, que creo que más o menos donde se quedó el Efraín, porque hay 3 puntos que yo quisiera comentar o repasar. El primero, Rebeca, a ti, si una persona te pregunta de qué te ha salvado Dios, ¿qué le contestas?

Tú le dices, mire, a mí Dios me salvó, ¿no? Y la persona te dice, ¿y de qué la ha salvado a usted? ¿De qué te ha salvado Dios a ti, Rebeca? Me ha salvado de tantas cosas, sobre todo de estos tiempos que he sido, he entrado en esta vida cristiana, me ha enseñado que debo primero confiar en Dios y después en mí, porque como todos me conocen saben que yo siempre he sido un poco impulsiva. ¿Y de qué me ha salvado?

De no hacer muchas cosas mal hechas.

¿Podrías concretar? No que me digas ahora la lista de pecados, mujer, pero, ¿de qué te ha salvado Dios, Rebeca?

Yo confío en que yo estaré en un futuro con Dios, cuando Dios me llame con él, porque aunque aún me falta mucho por aprender, por hacer, yo confío en que algún día estaré en la vida eterna y que el Señor me salvará de gracia, no por obras, porque si fuera por obra, yo no tengo ninguna, pero me ha salvado de no seguir viviendo en pecado. Bueno, eso ya es más concreto, más práctico, ¿sí?

Francesc, ¿de qué te ha salvado a ti el Señor? De la muerte espiritual. De la muerte.

¿Tenéis claro que es así?

Fernando, es cierto, ¿no?, que Dios nos ha salvado del pecado, nos ha salvado de la muerte, es cierto, muerte eterna, por eso murió en la cruz del Calvario, y nos justifica delante de Dios, pero seguimos pecando.

Salvarnos del pecado en el sentido amplio de la palabra. Estamos justificados delante de Dios por la muerte de nuestro Señor Jesucristo, aun cuando seguimos siendo pecadores.

Nos salvó de la muerte eterna.

La Ira de Dios

Si decimos que Dios nos ha salvado del pecado, es verdad. Si decimos que Dios nos ha salvado de la potestad de Satanás y de ir al infierno, es verdad.

Pero, mis amados hermanos, yo creo que en este deseo de acercarnos más a la luz del Señor, creo que lo más sabio, lo más honrado y lo más humilde es decir que Dios nos ha salvado de Dios mismo.

Por eso, justificados pues por la fe, tenemos paz para con Dios.

Claro que tenemos un problema con el pecado, claro que tenemos un problema con la muerte, pero estos son consecuencias del problema gordo: éramos enemigos de Dios.

Éramos candidatos, se ha hablado mucho aquí, a la ira de Dios. Dios nos ha salvado de su ira. Lo primero que ha hecho Dios, mis hermanos, porque él está por encima del pecado y de Satanás, es salvarnos de él mismo.

Que quede claro esto.

La Paz con Dios

Por eso, como bien decía Fernando, y dice el texto, que que es el segundo punto que quiero tocar de la semana pasada, alguno ha tenido el deseo o el pensamiento, en medio del estudio, de la lectura, de la oración, de decir: ¿y por qué no Pablo hubiera podido decir: justificados pues por la fe, sentimos paz para con Dios?

Pero Pablo no dice que sentimos paz para con Dios. Pablo dice que tenemos paz para con Dios.

O sea, Pablo nos está diciendo, mirad lo que apuntó Fernando, mirad lo que apuntaba Rebeca, diciendo nuestras vidas, todas nuestras vidas están faltas muchas veces, denotan pobreza, no somos aquello que tendríamos que ser, es cierto, pero tampoco somos aquello que éramos, ¿o no? Gloria al Señor. Pero cuando Pablo empieza diciendo, tenemos paz para con Dios y no sentimos, quizá nosotros parece que nos da más seguridad y más confianza el sentir, pero Pablo está diciendo que la obra de Dios, mis hermanos, no se fundamenta en nuestras emociones que suben y bajan, sino en lo que Cristo ha hecho, y lo que Cristo ha hecho es eterno, es imborrable y es perpetuo. Nadie, nadie lo borrará, nadie lo cambiará, porque nuestro Dios es el más grande y es inmutable.

Justificados pues por la fe, tenemos, lo tengo, es legal, es real, porque aún para sentir esa paz, si llega, primero tengo que tenerla.

Igual que no puedo disfrutar de un regalo que todavía no he recibido, para disfrutar de ese regalo lo primero que necesito es tenerlo.

Que después siento paz, no siento paz, siento angustia, tranquilos, hermanos, la paz que nos ha dado Dios no depende de cómo me encuentre hoy, ni de cómo vayan las cosas hoy, ni si triunfo en el trabajo o si me echan del trabajo.

Está resuelto en lo que el Señor Jesucristo ha hecho. Por eso es tan grande lo que estamos leyendo aquí.

O sea, lo que tratamos un poquito en esta tarde es darnos cuenta que no podemos comprender la eternidad mirando el reloj y el minutero.

Estamos hablando de Dios, y lo que Dios ha hecho vamos a ver hoy que es muy grande. De la misma manera, y acabo ya con el repaso, o repaso o aportación, dice: por lo cual tenemos entrada a esta gracia en la cual estamos firmes. Yo creo que todos lo tenemos claro, pero como decía Jorge Prada, es nuestro pastor, dejad que nos aseguremos de que tenemos claro lo que tenemos claro.

Muchas veces nosotros pensamos que la gracia, bueno, es aquello cuando llegamos al Señor, empieza con la gracia, la salvación es por gracia, esto no es que empieza con la gracia y después cada uno va a su aire, esto no es que empieza con la gracia y después cada uno sigue con sus fuerzas, esto empieza con la gracia, y seguimos firmes en esa gracia, y terminamos en la gracia del Señor, mis hermanos. Hasta el final todo es gracia, que quede claro, ¿sí? Igual ya lo tenéis claro, pero es importante afirmar estas cosas.

Que Dios nos ha salvado de él mismo, porque su ira estaba sobre nuestra cabeza.

Nos ha salvado de fundirnos, hermano.

Y que Dios ha dicho, no qué sentimos, porque sentir al final es el producto de lo que primero se tiene. Dios ha dicho que tenemos, y Dios no puede mentir.

Y aunque nosotros permanezcamos infieles, él permanece fiel. Y sigo, me voy al verso 5: y la esperanza no avergüenza. Estamos hablando de la esperanza No de que estamos esperando algo, sino de la esperanza de que Dios, lo que nos ha dicho, que nos ha justificado, que nos ha perdonado, que nos ha salvado, que esto es así, nadie lo va a cambiar. No que no podemos ser avergonzados, o de que pasemos vergüenza en otras situaciones, no es de esta vergüenza de la que está hablando, sino referido al Señor. Dios no nos va a fallar, hermanos.

Su palabra se va a cumplir. Si él nos ha justificado, tenemos paz, y esa paz nadie nos la puede quitar, nadie, ni tú mismo, ni tú mismo. Porque recuerdo que Juan 10 nos dice que nosotros estamos en la mano del buen pastor, que es el Señor, pero a la vez la mano del buen pastor está dentro de la mano del Padre.

Así que nadie tiene la habilidad para escapar de la mano de Jesús, y menos de la mano de Jesús recogida dentro de la mano del Padre. Verso 6: Porque Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos. Ciertamente, apenas morirá alguno por un justo; con todo, pudiera ser que alguno osara morir por el bueno, mas Dios muestra su amor para con nosotros. Esto sale tan rápido, mis hermanos, yo le pido perdón a Dios.

Porque impresiona, dice el 8: Mas Dios muestra, nos enseña, su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.

O sea, siendo sus enemigos, odiándole, él muere por nosotros.

Por eso decía antes, dice que podría ser que a nivel humano alguna vez se encontrara una persona que es tan buena, tan buena, que alguien decidiera, voy a ayudarle, voy a morir por él, porque es tan bueno, pero es que nuestro caso no es que éramos buenos, nuestro caso, he dicho que éramos impíos, pecadores y enemigos de Dios, y Dios muestra su amor enviando a su Hijo, a morir por gente que lo odia.

Verso 9, entonces es como vamos ahora de menos a más, si resulta que Cristo, por encargo del Padre, murió por mí cuando yo era su enemigo, ¿no podré confiar ahora en Dios, que ya es mi Padre, y que me sostendrá, y que me guiará, y me llevará más allá de la muerte?

Porque si me amó cuando yo le odiaba, ahora que él es mi Padre y yo soy su hijo, ¿quién no hará Dios por nosotros, mis hermanos?

Por eso dice el verso 9: pues mucho más, estando ya justificados, ¿entendéis? Ahora ya que ha cambiado nuestro estatus delante de Dios, si nos amó cuando éramos enemigos, ¿cómo nos va a dejar de amar ahora, si somos sus amigos, si somos sus hermanos, si somos hijos del Padre, si somos hermanos unos de los otros, si estamos en la casa del Señor? ¿Cómo? Tendría que negarse Dios a sí mismo, y eso es imposible.

Fijaros, verso 10: porque si siendo enemigos fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, ¿lo vais viendo con claridad? Sí, si siendo enemigos fuimos reconciliados, reconciliados, por la muerte de su hijo, mucho más estando reconciliados, seremos salvos.

El Señor no nos salvará, el Señor nos ha salvado, Rebeca, nos ha salvado, no nos salvará, nos ha salvado.

Y justamente, quizá lo que está pasando en nuestros corazones, como tú lo expresas hoy, es que el corazón a veces tintinea.

Y de la misma manera que cuando estoy bien y estoy sirviendo al Señor, y parece que tengo un tiempo de paz con los hermanos, y el trabajo me sonríe, y parece que no tengo ninguna enfermedad, y digo, todo lo puedo en Cristo que me fortalece, en ese momento igual me creo que Dios me ama más porque estoy así, o que estoy mejor con Dios. Para nada tampoco, mis hermanos.

Habría que seguir diciendo, justificados pues por la fe, tengo la paz igual, no porque ahora me sienta mejor ni peor, ¿entiendes, Rebeca? Pero si en todo caso por el Espíritu Santo hay un momento de gozo, hay una experiencia agradable, hay un testimonio que nos produce paz y consuelo, bendito sea Dios, pero eso no es la raíz. Eso es el fruto, eso es la consecuencia. La raíz es lo que ha hecho Cristo: justificados pues por la fe, tenemos paz para con Dios.

Eso es el fundamento, eso es lo que está debajo de la casa inamovible.

Y termina diciendo, y no solo esto, Sino que también nos gloriamos en Dios por el Señor Jesucristo, por quien hemos recibido ahora la reconciliación. ¿Os acordáis que decía que nos gloriamos en la esperanza con Efraín? Después nos gloriamos en las tribulaciones. Va subiendo: esperanza, tribulaciones, y al final llegamos a gloriarnos en quién. En Dios mismo, en Dios mismo, por quien hemos recibido ahora la reconciliación.

La reconciliación, igual que hice la pregunta al principio de que nos salvó Dios, este detalle creo que es curioso, ¿no? Es que no es que Dios necesitaba reconciliarse con nosotros, Él no necesitaba nada, soy yo el que necesitaba reconciliarme con Dios, porque acordaros que acabamos con el tema de la gloria del Señor, que Romanos 3 invoca, diagnostica el castigo terrorífico de Dios, que dice que estábamos destituidos, ¿de qué? De la gloria de Dios.

Y por medio de la reconciliación se nos asegura que tendremos esa gloria, le tendremos a él.

La reconciliación no es que tengo paz, la reconciliación no es que tengo gozo, la reconciliación no es que tengo salvación, que lo tengo, la reconciliación y la esperanza gloriosa en Jesucristo, es que le tengo a Él, a Él, y veremos su gloria, hermanos.

Veremos su gloria.

La reconciliación, igual que la justificación, es que no me cambiaron los papeles, antes no podía entrar en este país que es del cielo, y ahora me han dado un pasaporte y puedo entrar, no solo es que puedo entrar y se acaba ahí, no solo es que cambia mi estado de enemigo a amigo, sino que ahora hay un camino por ser amigo de Dios y por ser hijo de Dios, ¿entendéis? Nos espera su gloria, hermanos.

Con lo cual, dejadme que os diga a modo de resumen, que lo que yo pueda estar pasando ahora por la operación, o lo que pueda estar pasando cada uno de nosotros, no define ni marca lo que vamos a ser, ni lo que Dios ha dicho ya. ¿Entendéis?

En eso tenemos una esperanza, que no avergüenza. Y de esa esperanza, Dios no la ha dejado colgando ahí en un corazón sentimental que viene por WhatsApp, sino que ha dejado encargado al Espíritu Santo, que es Dios mismo, que selle nuestros corazones y dé testimonio de que es verdad. Porque dice 1ª de Juan que el Espíritu, el Espíritu Santo, es el que da testimonio de estas cosas. ¿Y por qué es el Espíritu el que da testimonio? Dice, porque el Espíritu es verdad.

Es una verdad que no la puedes comprender, es una verdad que no la podemos capturar en toda su dimensión, pero es una verdad que nos hace suyos, nos atrapa, nos enamora, es aquello, es una verdad de esas que, sin pedirnos permiso, ni faltarnos al respeto, nos hace suyos.

Pero mira, es que hoy me encuentro en esta situación, un desastre de salud, un desastre económico, problemas con mis hijos, problemas en el matrimonio, problemas en la iglesia, estoy confundido. Está bien, está bien, te creo, pero no confundas el capítulo.

Por largo que pueda ser, con el Señor de la historia y con el autor de la historia, que es Dios. Él ya ha marcado nuestro destino, él ya ha marcado nuestro destino, él ya ha fijado nuestra identidad.

Esto es un asombro, hermanos, y se puede leer en 2 minutos. No, Carlos, tantas veces hemos leído, y el Señor murió por, y nosotros éramos sus enemigos. Y bueno, ojalá que pueda ser un momento en el estudio, ahora en el compartir, de que no solo tengamos una comprensión mental, sino que tengamos una revelación del Espíritu Santo de lo que Dios nos ha amado. Esto es Porque esto es lo que es, mis hermanos, esto es el poder para vivir el día a día, es el poder para en ese momento de desánimo ir al cuarto, porque me siento un desastre, y también el poder para cuando me siento tan bien, ir al cuarto y saber siguiendo que es que Ni soy tan poco porque me pasó esto, ni ahora soy más porque me pasó lo otro. Mi valor delante de Dios no ha cambiado.

Mi valor está en que él, de pura gracia, decidió amarme.

Con lo cual, esto también es importante, me libra de dos errores. Primero, el orgullo espiritual. No, Dios me amó porque, no, no sé, yo reconozco que es gracia, pero no, yo siempre ya tuve un sentir, yo de pequeño tenía inquietudes, decía alguno, no, olvídate.

Ya hemos visto lo que Dios vio en nosotros, enemigos, impíos, y pecadores.

Y viendo todo esto, dice que a su tiempo, marca el Espíritu Santo, en ese momento destinado en la eternidad, en el consejo de la Trinidad, en ese momento fue a morir por nosotros.

Nos libra del orgullo espiritual y nos libra de la desesperación, ¿En qué sentido? Como bien decía Fernando, pero no veas, meto la pata, he pecado aquí, vuelvo a meter la pata aquí, vuelvo.

No digo esto como que tranquilos y anda, no, no, no, no te desesperes, que el Señor ya sabe Y ya contaba con eso.

Entonces yo, sabiendo que el Señor ya contaba con eso, lo que no voy a hacer es seguir pecando para que la gracia abunde, sino el testimonio del Espíritu Santo me dice: adelante, adelante, adelante, Pedro, y fortalece a tus hermanos.

Confírmalos ahora que me has negado, confírmalos. Tú te veías fuerte, te veías sincero, te veías honesto. Mira, yo ya contaba contigo antes de que, y seguiré contando contigo. El plan del Señor no va a cambiar, hermanos.

La Reconciliación con Dios

Entonces, dicho esto, No sé si, no sé si sería bueno meditar en esto de la reconciliación, porque dice que nos gloriamos en Dios por el Señor Jesucristo, de quien hemos recibido la reconciliación. O sea, de enemigos, el Señor nos ha hecho amigos, pero claro, no haciendo una fiesta de cumpleaños.

Si a mí no me ha costado nada ser su amigo, ¿entendéis? A él le ha costado.

Por eso digo que esto es algo, esto es un asombro, y le ha costado la vida de su hijo.

Entonces digo, por aquello de estar ahora en paz con Dios, tener paz con Dios, que Dios sea nuestro Padre. Teo, si Dios me diera todo lo que le pido, pero me quitara su presencia, ¿me conformaría con sus regalos o realmente le desearía a él?

El Señor a veces pensamos que no está presente, pero Él está presente en cualquier momento.

Y nunca hemos sentido nosotros que la presencia del Señor no esté. Por eso yo creo, igual, si el Señor realmente no estuviese presente en nuestras vidas, lo notaríamos más de lo que pensamos o de lo que podríamos imaginar. Por eso yo creo que su presencia, así que preferiríamos su presencia antes de cualquier cosa que nos pueda dar.

Nancy.

Todas las preguntas se contestan, ¿no? Pero es un poquito para hacernos pensar.

¿Estoy buscando la mano de Dios para resolver mis problemas, o estoy buscando el rostro de Dios porque él es mi mayor tesoro?

Yolanda, si Dios me diera todo lo que le pido, pero yo no necesitara conocerle ni disfrutar de él, ¿sería Dios mismo mi mayor tesoro o solamente un medio para conseguir lo que deseo?

Las preguntas, el propósito es enfocarlas en que al final el quedarnos con deseos o quedarnos con cosas es que es tomar la sombra y perder realmente a Dios, porque es que nos gloriamos en el Señor Jesucristo por la reconciliación. La reconciliación no son los regalos, es Él, y si le tenemos a Él, con Él, pues ya vendrá lo que tenga que venir, ¿no? Tendremos las demás cosas.

Mira, si Dios te diera todo lo que le pides, trabajo, salud, familia, pero él mismo no estuviera, ¿te sentirías satisfecha?

¿Os hace pensar esta pregunta? O sea, que Dios me da lo que le pido, pero me dice, pero yo no voy. ¿Os hace pensar en algún momento de la Biblia esto?

No, sí, dice, ve allí y ganarás la batalla. Pero él le dice, si tú no vienes conmigo, yo no voy.

Muchos de los que estamos aquí, antes de conocer a Dios, y no sé si hasta con Dios, quizá hemos tenido trabajo, hemos tenido salud, hemos tenido, pero mis hermanos, ¿sabéis que disfrutar de lo que se tiene es don de Dios?

Seas, pienso, ¿no?, o no seas creyente, o sea, trato de deciros que de alguna manera todo nos lleva a Él, lo ha hecho de tal manera, que acabamos en sus brazos, Mari, si la reconciliación solo me sirviera para que Dios me dé cosas, pero al final yo no quiero a Dios, ¿Me he reconciliado con Dios o estoy usando a Dios?

Pues bueno, mis amados, Os escuchamos.