Sermones / Serie: Romanos / Parte 3

Romanos 5:5-10

El amor de Dios derramado en nuestros corazones

Bosquejo

4 secciones
  1. I.Propósito del estudioMinuto 02:33
  2. II.El amor de DiosMinuto 22:40
  3. III.Cristo y su sacrificioMinuto 43:12
  4. IV.Conclusión y reflexión finalMinuto 62:47

Transcripción

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Romanos 5:1.

Vamos allá. Justificados pues por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo, por quien también tenemos entrada por la fe a esta gracia, en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios. Y no solo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia, y la paciencia prueba, y la prueba esperanza, y la esperanza no avergüenza. Porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado. Porque Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos.

Ciertamente apenas morirá alguno por un justo; con todo, pudiera ser que alguno osara morir por el bueno. Mas Dios muestra su amor para con nosotros en que, siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros; pues mucho más, estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira. Porque si siendo enemigos fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más estando reconciliados seremos salvos por su vida. Y no solo esto, sino que también nos gloriamos en Dios por el Señor nuestro Jesucristo, por quien hemos recibido ahora la reconciliación. Bien, vamos a orar.

Propósito del estudio

Gracias, Padre, por poder tener el privilegio un viernes más de estudiar tu palabra juntos como Iglesia, como tus hijos, como tu cuerpo, que puedas ser hoy muy glorificado, que podamos gozarnos, maravillarnos, comprender tu palabra, que podamos poner nuestros ojos en ti, que nos puedas dar sabiduría y discernimiento para poder entender aquellas cosas que tú nos das a conocer de ti, de tu persona y de tu obra en tu palabra. En nombre de Jesús.

Amén. Bien, el propósito del estudio de hoy, si Dios así nos lo concede, y espero que sí, porque al final lo que enseñamos es la palabra de Dios, y algo que a mí me gusta pensar al salir a enseñar es que yo me puedo esforzar todo lo que pueda por intentar hacerlo lo mejor posible, pero que al final el más interesado en que vosotros entendáis, en que yo entienda, en que yo lo pueda hacer bien, en que vosotros podáis saber qué es lo que se está hablando, es Dios. Porque al final es su palabra. Dios nos ama, Dios nos ha dejado su palabra escrita para que la entendamos. Y al final nosotros somos herramientas, pero el mayor, no sé decir beneficiado, pero el mayor interesado siempre en la predicación de su palabra es Dios mismo.

Entonces, mi meta con el estudio de hoy es que podamos salir hoy de aquí todos con una esperanza firme en el amor del Señor, en lo que Dios dice de su amor en la palabra, que evidentemente no podemos cubrir todo lo que el amor de Dios es en un solo estudio, ni siquiera en 3 años de estudios podríamos cubrir todo, pero sí que podamos salir con esta convicción firme, que va a titubear, que se va a poner en duda, etcétera, pero que de aquí podamos salir convencidos de que Dios nos ama.

Volviendo al versículo 5, dice: la esperanza no avergüenza, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado. Y aunque hay una pequeña mención a algo similar en el capítulo 1, versículo 7, cuando Pablo saluda a la Iglesia les dice amados. No sé si os acordáis, hace ya muchas semanas que lo vimos, pero el saludo que Pablo hace al inicio a la Iglesia de Roma les llama amados de Dios. Pero ahí no entró a explicar nada más, simplemente era un saludo, un saludo real y un saludo verdadero. Pero aquí 4 capítulos y medio después, Pablo habla por primera vez en la carta de los Romanos sobre el amor de Dios.

Hemos visto el tema del pecado, hemos visto el tema de la justicia, hemos visto el tema de la justificación, de la circuncisión, de la ley, etcétera. Y cómo no, vamos a ver el tema también del amor de Dios, porque aunque hay iglesias donde tal vez lo único que se habla es de que Dios te ama, hay iglesias donde también de lo único que se habla es que Dios está airado todos los días en contra del pecador. Pero si queremos hablar todo el consejo de Dios, no podemos exaltar nunca unos atributos de Dios por encima de otros, aun si pensamos que la gente los puede usar de mala manera, abusar de ellos o llevarlos a extremos.

Eso ya cada uno lo que tenga que hacer con la palabra de Dios sabrá y dará cuentas de ello, pero no podemos exaltar una cosa sobre la otra, es decir, lo que no podemos hacer es machacar siempre lo pecadores que somos, pero si llega el tema del amor de Dios lo pasamos por arriba porque ya todos sabemos que Dios nos ama.

Hay que darle el mismo énfasis, igual que se lo dimos a la circuncisión, aunque aquí nadie se le ha mandado a circuncidarse, a no ser que sea por tema de salud. Y aquí se introduce por primera vez esta palabra del amor de Dios en el libro de Romanos, por si os interesa, que es una palabra muy conocida aún si la gente no es estudiosa del griego, es la palabra ágape. Y por eso en la Biblia hay diferentes tipos de palabras para amor, que en castellano solo tenemos una, que es amor, pero en en el griego, también en el hebreo, hay diferentes palabras para diferentes tipos de amor. En este caso el que se utiliza es el ágape, y no te voy a dar la definición del diccionario, pero sí vamos a ver qué representa este amor en el pasaje que hoy tenemos delante.

Venimos hablando de unos versículos en el último estudio que di yo, donde se nos hablaba de que nos gloriamos en las tribulaciones, porque la tribulación produce paciencia o resistencia, dijimos.

Y la resistencia produce prueba, que esto vimos que era carácter probado. Y el carácter probado produce esperanza. El carácter probado, al final hablábamos de que producía esperanza porque, ¿alguien se acuerda por qué el carácter probado producía esperanza en el creyente?

O sea, puede producir esperanza por eso, pero no era el fuerte.

¿Os acordáis de cuando el carácter era probado? ¿Qué significaba tribulación?

Estar presionado. Y después hablábamos de la resistencia, es decir, aguantar, aguantar esta presión en ese momento de prueba. Después hablamos que eso formaba en nosotros carácter probado. ¿Os acordáis del ejemplo del hierro que pusimos? Perdón, del acero.

¿Qué se le hacía al acero?

Se calentaba y se enfriaba para que aumentase su fuerza. ¿Y cómo uno puede saber si ese acero ha sido tratado o no?

Poniéndolo a prueba. Y si aguantaba los kilos para los que había sido preparado, pues tienes la evidencia de que eso es acero del bueno. Entonces, ¿por qué la esperanza no avergonzaba? O una de las cosas por las cuales la esperanza— perdón, no es que no avergüenza, sino por qué el carácter probado produce esperanza. Porque en el creyente una de las luchas que tenemos muchas veces es: ¿seré o no seré?

¿Será mi fe genuina o no será mi fe genuina? Pero aún en las tribulaciones podemos dar gloria a Dios, porque si vemos que es Dios el que nos sostiene por medio de las tribulaciones, al aguantarnos, al sostenernos, al llevarnos adelante en ellas, eso confirma y prueba que quien está en nosotros es Dios, que esa fe proviene de Dios y que es resistente a la prueba. ¿Os acordáis un poco de esto ahora, más o menos? Ahora sí, ahora sí. Que es genuina, que es una fe genuina, segura.

¿En qué sentido? Pues que se ha puesto a prueba y que ha aguantado el peso que se le ha puesto. De nuevo, esto no es que el creyente pasa todas sus pruebas perfectamente, sino que hay un avanzar, hay un caminar, hay una meta a la que se llega. Y comparábamos con la parábola del sembrador, donde ¿qué pasaba cuando la semilla caía en la tierra y brotaban los espinos? Se ahogaba.

Y después también nos habla de los afanes de este mundo y de estas cosas que ahogaban. Otras semillas se secan, pero la que ha sido plantada en buena tierra da fruto. Sí, entonces llegando a esta parte nos dice que la esperanza no avergüenza. Y ahora entraremos un poco más en la esperanza no avergüenza, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones. Cuando Pablo aquí dice la esperanza no avergüenza, ¿por qué?

¿Qué pone Pablo en Romanos 5? ¿Lo tenéis en vuestra Biblia? ¿O qué pensáis vosotros que quiere decir que la esperanza no avergüenza?

Bien.

Lo que crees, tienes fe hasta que se va a cumplir, va a ser realidad.

Hombre, yo no me avergüenzo cuando a veces hablan del Señor o me dicen algo. No me avergüenzo porque pues lo creo, lo tengo claro. Pero, ¿crees que esto es de lo que Pablo está hablando aquí, de dar testimonio de las Escrituras y de no avergonzarse de eso?

Nos está hablando de la esperanza y nos dice que la esperanza no avergüenza. ¿Qué significa para vosotros que la esperanza que tenéis no avergüenza?

Que no nos va a fallar, que no nos va a fallar, que nuestra esperanza no va a causar en nosotros vergüenza en el día postrero, que aquello en lo que hemos creído, como decía Pablo, no nos va a dejar tirados en el futuro, no nos va a defraudar, no nos va a defraudar. Lo vamos a ir viendo. Y Pablo aquí nos da un motivo del porqué.

Por eso, si os fijáis, y la esperanza no avergüenza, ¿cuál es la palabra que le sigue? ¿Porque? Como siempre hablábamos, ¿qué significa porque?

Una razón, la causa de por qué la esperanza no avergüenza es porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones, lo cual ahora hablaremos. Pero antes, ¿qué pensáis aquí cuando Pablo dice avergonzar o la esperanza no avergüenza? ¿Qué entiendes tú por avergonzar en tu vida?

Avergonzar, ¿cómo se lo explicarías a un extraterrestre?

Ridículo. ¿Ridículo? Que uno queda descubierto, desnudo. Nuestros padres, cuando quedaron desnudos, lo primero que sintieron es vergüenza. Sí.

Vergüenza de, pues, tal vez de la vida, un versículo antes o no, habla de tribulación. Cuando estamos caminando en el Señor, hay etapas de nuestra vida donde hacemos cosas o sufrimos cosas que en un momento dado, en ese momento, la podemos ver como vergonzosas. Es parte de un proceso, lo que tú hablabas del hierro. Y en este caminar del Señor puede ser que en un momento dado Pablo lo que les estaba diciendo: ánimo, independientemente de las vergüenzas que hayáis podido pasar, desnudez, hambre, persecución, latigazos, hay una esperanza más adelante. Ahora iremos viendo todo esto, pero muy bien, Fernando.

La palabra vergüenza en el contexto en el que Pablo la está utilizando no es la que tal vez muchas veces sentimos nosotros, porque muchas veces nosotros te hacen pasar al frente a compartir algo y dices, uy, qué vergüenza. Pero evidentemente eso no es de lo que Pablo está hablando aquí. Pablo no está diciendo la esperanza que tenemos en un momento dado no te va a poner nervioso, no te va a hacer que te sonrojes, o no te va a hacer pasar vergüenza en una reunión o aún en público. Sino está hablando de algo, como Fernando nos decía, al futuro también, algo más al futuro. Mirar en Romanos 9:33, si lo queréis buscar, porque Pablo utiliza esta misma palabra dos veces más en Romanos.

Que si no, no te veo.

Romanos 9:33, ¿estáis? Dice: como está escrito, he aquí pongo en Sión piedra de tropiezo y roca de caída, y el que creyere en él no será avergonzado. Y un poquito más adelante, en Romanos 10:11, ¿qué dice?

Romanos 10:11: todo aquel que en él creyere no será avergonzado. Lo mismo que dice en el anterior: y el que creyere en él no será avergonzado. Esta palabra es hacer que alguien sienta una gran vergüenza, una humillación, una deshonra. Eso es lo que significa esa palabra en el griego, lo mismo que para nosotros quedar humillado, quedar deshonrado públicamente. Y ahora mirad, porque esto nos va a dar una entrada aún más profunda.

Salmo 22:5, Salmo 22:5.

¿Estáis? Salmos 22:5: clamaron a ti y fueron liberados, confiaron en ti y no fueron avergonzados.

Si miráis este versículo, aparte tenemos que pensar que los Salmos en muchos casos son un tipo de poesía hebrea, de la cultura. Entonces, la poesía hebrea, como la poesía de muchos otros países, tenía unas técnicas, tenía una manera de escribirse con las cuales no os voy a aburrir ahora, y tampoco soy ningún experto en esto. Y muchas veces en un mismo verso se repetía la misma idea con palabras diferentes para dar énfasis. Sí, aquí tenéis Clamaron a ti y fueron librados, clamaron a ti y no fueron avergonzados. Con este versículo delante os hago una pregunta: en este pasaje, ¿qué es lo contrario a ser avergonzado?

Con este versículo, ¿qué es lo contrario que veis en la primera parte del versículo a lo que dice la segunda de no ser avergonzado?

Está la palabra librados.

Dice fueron librados, no fueron avergonzados. Es decir, ser librado en cierta manera es lo mismo que no ser avergonzado. Es lo que veníamos hablando desde el principio. La esperanza no avergüenza. ¿Por qué?

Porque al final serás liberado. Porque al final será rescatado. Y aquí nos dice esto: clamaron a ti, fueron librados, confiaron en ti y no fueron avergonzados.

Ser avergonzado en este contexto significa que tu esperanza— bueno, espera, os hago otra pregunta primero antes de explicar. Otra pregunta: en Romanos 5, donde estábamos, hablando de que la esperanza no avergüenza, ¿Qué pensáis vosotros que le pasa a alguien cuya esperanza sí lo avergüenza? O llega un momento donde esa esperanza lo acaba avergonzando. No hablo de la del Señor, eso sería imposible.

Es una vana esperanza.

Si tú tenías esperanza en algo y al final eso te ha terminado avergonzando, ¿qué podrías decir de esa esperanza?

Que es una esperanza falsa, que es una esperanza sin fundamento. Ser avergonzado en este contexto significa que tu esperanza demuestra ser falsa en el momento decisivo. Confiaste, llegó la hora de la verdad y no hubo quien te liberara. Te quedaste expuesto, humillado, como alguien que se apoyó en aquello que no lo sostenía. Pusiste tu esperanza en algo y eso no te liberó, no te rescató, no te ayudó o te colaboró.

Esto nos pasa mucho con nosotros mismos. Pongo confianza en mí mismo porque yo sé qué haré, yo sé qué diré, yo sé qué, y llegó el momento y fallaste. Llegó el momento y no fuiste capaz. Llegó el momento porque esa esperanza que tenías puesta en ti no estaba puesta sobre un buen fundamento, y por eso te defraudó esa esperanza. O muchas veces podemos decirlo, y en esto seguramente tenemos más memoria que cuando nos fallamos a nosotros mismos, cuando pones tu confianza en una persona y de repente decimos: me ha defraudado, me ha fallado, me ha traicionado.

¿Por qué? Porque tú confiabas en algo, pero ese algo en el momento de la prueba se tambaleó, se deshizo. O sea que lo contrario a la esperanza es liberación. De la vergüenza, a ser avergonzado.

O sea que también se puede decir que esa esperanza con la vergüenza, entonces eres esclavo de esa misma esperanza que te avergonzó.

A ver, dímelo otra vez esto. Sí, porque si se dice que librados es lo contrario, es porque no eras avergonzado, porque estás libre. Y entonces, si eres avergonzado, es porque has sido esclavo de aquella esperanza que te va a avergonzar. Ahora te entiendo. Sí, en una parte sí, pero no podemos decir que todo aquel que tiene una esperanza al final es esclavo de algo, pero entiendo lo que quieres decir.

Yo me refiero también a la vanidad del mundo, ¿no? Son esclavos de las cosas del mundo, pero al final son avergonzados porque no dan resultado. Muy bien, sí, sí, y es un muy buen ejemplo y un buen uso de la palabra ser librado, lo contrario, ser avergonzado. Y al final, el que termina siendo avergonzado es porque no era, no fue librado, termina siendo esclavo de todo aquello falso en lo que creyó, que lo llevó a la destrucción. Muy bien, sí.

Y otra cosa importante en estos, en el texto sobre todo que leíamos, sean los de Romanos más adelante, o sea, después en el que hemos leído en los Salmos, hay algo importante, es: cree ahora, el que cree no será, cree ahora y en el futuro no serás avergonzado, en el futuro esa esperanza no te defraudará. Hay una parte de esa esperanza que se vive ahora, hay una parte de esa esperanza que experimentamos ahora, pero como ya dijimos hace un par de estudios, esa esperanza también, creo que lo decía antes Fernando, mira más allá. Aún en todas las pruebas que puedas pasar aquí, y nos hablaba Fernando de diferentes pruebas, hay algo más allá donde poner tu esperanza y en lo que confías que esa esperanza será cumplida. Bien, seguimos.

El amor de Dios

La esperanza no avergüenza porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones.

Por el Espíritu Santo que nos fue dado. Yo aquí me preguntaba, no sé si vosotros os preguntaréis lo mismo, pero al menos así funciona mi cabeza. Yo decía: bien, la esperanza no avergüenza porque el amor de Dios ha sido derramado en mi corazón, pero ¿y qué tiene que ver una cosa con la otra? Es decir, está bien, Dios me ama, pero ¿y a mí eso por qué hace que no me vaya a avergonzar internamente? ¿Cómo ¿Cómo ligo estas cosas?

No sé si me explico, si a lo mejor alguno de vosotros se plantea lo mismo. Es decir, si yo ahora, Dios con Dios es diferente, pero humanamente, si Fernando ahora Fernando me dice a mí, Efraín, no te preocupes, que no vas a quedar avergonzado. Yo le digo, ¿por qué? Me dice, porque yo te amo.

Dame alguna razón más, dame algún motivo más.

Porque sí, pero porque es Dios, también él te podría haber dicho la esperanza no avergüenza, punto. Pero él te dice por qué, por el amor, porque nos ama.

Ahora veremos el porqué.

Y qué tiene, o sea, cómo atas esto aquí.

Porque nos trata con amor, nos lo demuestra, lo siembra en nuestro corazón, y ese corazón que era el del hombre anterior ya no lo es. Es el nuevo hombre que está recibiendo ese amor, y yo ya creo en él. Ha dicho algo ahí entremedio que es de lo que hablaremos. ¿Creéis que aquí habla del amor que Dios tiene hacia nosotros o de nuestro amor hacia Él?

De Él a nosotros. Hay gente que piensa que es lo contrario, dependiendo de la versión que leen, que el amor, o sea, que la esperanza no avergüenza por el amor que nosotros profesamos hacia Dios. Pero eso sería una esperanza poco esperanzadora, ¿no? Porque, ¿qué pasaría si la esperanza de esta de la que estamos hablando dependiera de nuestro amor por Dios?

Estamos listos, estaríamos avergonzados. 100 de cada 100 veces quedaríamos avergonzados. Solo solo puede depender del amor de Dios para que sea una esperanza firme, para que seamos llamados a algo firme. Y de hecho, en el versículo 8, un poco más adelante, dice: Mas Dios muestra su amor para con nosotros. Es decir, estamos hablando del amor de Dios, nunca del amor del ser humano hacia Él, porque aunque lo podemos amar, nuestro amor es tan inconstante que no sería, no tendríamos ningún motivo para poner ninguna esperanza sobre eso.

Y volvemos: ¿por qué el amor de Dios garantiza nuestra esperanza? Como os decía, vale, Dios me ama, ¿y qué garantiza eso? ¿Cómo sé yo que ese amor me va a llevar hasta el final? Pablo aquí no nos deja con una pregunta, Pablo nos da la propia respuesta. Y lo primero que quiero que veamos es que ese amor podemos confiar, y en ese amor está la base de nuestra esperanza.

¿Por qué? Dice: porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones. Pero el amor de Dios, y veremos dos facetas hoy del amor de Dios, el amor de Dios no es una palabra, el amor de Dios no es un sentimiento etéreo que va por el aire, sino que, como os decía, en el versículo 8 dice: mas Dios Muestra. Mas Dios muestra, mas Dios revela, mas Dios te enseña, mas Dios te da a conocer su amor para contigo. ¿Cómo?

En que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros. Dios muestra su amor para con nosotros. Dice que cuando éramos pecadores, Cuando éramos sus enemigos, algo que ya vimos la semana pasada y la anterior. No cuando éramos buenos muchachos, no cuando obedecíamos perfectamente a su ley. El amor de Dios ya se ha demostrado, por eso podemos tener confianza en ello, por eso podemos tener la confianza en ello.

El amor de Dios no es una promesa de futuro, Es algo que ya se ha demostrado en el pasado, hace 2000 años. Y aquí Pablo empieza el capítulo diciendo: justificados pues por la fe, tenemos paz para con Dios. Si una persona ha sido justificada, y después se nos dice que el Espíritu Santo derrama el amor de Dios sobre su corazón, tenemos claro que estamos hablando de una persona que ha nacido de nuevo. Y si esa persona ha nacido de nuevo, No puede ni tener paz, no puede ni tener gracia, no puede tener nada si no es por medio de nuestro Señor Jesucristo.

Entonces la cruz aplica a nosotros. Entonces lo que aquí estamos diciendo es que esa esperanza es segura. ¿Por qué? Porque la parte más difícil de esa esperanza ya ha sido hecha. Es decir, cuando Dios envía a su Hijo a morir en la cruz, poniéndolo en términos humanos, que no podemos decir esto así, pero es lo más difícil que Dios hizo, lo más duro que Dios hizo, si lo podemos explicar de alguna manera en términos humanos, ¿me entendéis?

A Dios crear el mundo le costó en el sentido de decir, puso esfuerzo, si lo podemos decir de alguna manera, pero no que le costó en el sentido humano de, uy, a ver cómo hago esto, a ver cómo hago lo otro. Él es perfecto, Él es todopoderoso, pero Él puso trabajo y al séptimo día descansó. Pero cuando hablamos de la cruz, Él entregó a su Hijo amado a morir, a cargar con el pecado de todos, y a Jesús eso le costó. Él sudó gotas de sangre, Él dijo: Eli, Eli, ¿lama sabactani? Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?

Él mismo habla diciendo que su alma estaba angustiada hasta la muerte. Lo más duro, de nuevo, es el lenguaje humano. Cuidado con llevarlo al extremo y hacer de Dios un ser humano. Lo más duro ya lo hizo Cristo. La mayor muestra de amor posible ya ha sido dada.

Ya fue hecha. Por eso nuestra esperanza es firme, y por eso Pablo basa y dice que nuestra esperanza no será avergonzada, y nuestra esperanza no avergüenza. ¿Por qué? Porque el amor de Dios ha sido derramado en tu corazón, y para que el amor de Dios haya sido derramado en tu corazón, tú has tenido que nacer de nuevo, y tú no puedes nacer de nuevo si Cristo no ha muerto en la cruz por ti. Y que Cristo haya muerto en la cruz por ti lo que confirma es que Dios ha mostrado su amor por ti.

No sé si podemos ver toda la cadena. Si hoy tú has nacido de nuevo es por la obra de amor de Cristo.

Y si Cristo ya ha muerto por ti y ha hecho lo más duro, lo más difícil, sería muy rudo o torpe pensar que si siendo su enemigo hizo su mayor muestra de amor por mí, ahora soy su hijo, no va a cumplir lo que prometió. ¿Me entendéis? Y esa es la segunda parte. Si vais al versículo 9 y 10, si vais al versículo 9 y 10, hay una frase, son dos palabras que van juntas, que se repiten en los dos versículos. A ver si las podéis encontrar en el 9 y 10.

Mucho más, mucho más. Dice el versículo 9, hablando de que Dios muestra su amor para con nosotros en que, aun siendo pecadores, Cristo murió por nosotros. Pues mucho más. Es decir, si aquello pasó siendo vosotros pecadores y enemigos, pues mucho más. Estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira, seremos librados de la ira venidera.

Y el 10: porque si siendo enemigos fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más estando reconciliados seremos salvos, seremos salvos por su vida. Es decir, perdonad por este lenguaje, pero lo más difícil ya lo hizo. La mayor prueba de amor que Dios podía poner sobre la mesa para nosotros ya la hizo. Lo que queda ahora por delante, entre comillas diríamos, es fácil ya. Cristo no tiene que volver a morir, Cristo no tiene que volver a encarnarse, Cristo no tiene que pasar 33 años y medio rodeado de pecadores, siendo acusado, siendo blasfemado, siendo perseguido, siendo torturado, siendo abandonado por el Padre, la ira del Padre no tiene que volver a caer sobre él.

Y si él ya ha pasado todo esto como muestra de su amor por los que éramos sus enemigos, lo que ahora queda por delante— por eso Pablo dice: mucho más, si ya has sido justificado, ahora ya mucho más te librará de lo que viene. Por eso el amor es el motivo por el cual nuestra esperanza es firme. Y la esperanza no avergüenza, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado. Si siendo enemigos fuimos reconciliados con Dios, mucho más ahora seremos salvos de la ira. Os leo: el razonamiento es sencillo, lo más difícil ya está hecho.

Si Dios dio a su Hijo por sus enemigos, ¿va a abandonar ahora a sus hijos?

No, sería una contradicción absoluta. Sería decir: envié a mi Hijo a morir en la cruz por ti, y ahora que eres salvo, igualmente decido enviarte al infierno, igualmente no te voy a liberar. Sería actuar contra su propia obra, ¿me entendéis? Por eso el amor es la garantía, y no el amor de que Dios dice te amo, que sí, sino porque ese amor se muestra en la persona de Jesucristo. ¿Sabéis qué dice 1ª de Juan capítulo 3?

¿Cómo empieza?

1ª de Juan capítulo 3 dice: mirad, mirad cuál amor nos ha dado el Padre. ¿Cómo miras al amor?

¿Cómo miras al amor?

Porque es una persona, es Cristo. Ese amor se muestra para que tú y yo lo podamos ver. Por eso la esperanza no puede quedar en vergüenza, como si fuese algo falso. El amor que sostiene esa esperanza ya se demostró en la cruz, hasta dónde está dispuesto a llegar Dios. Por ese amor.

Y dice que el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones. ¿Por qué pensáis que Pablo dice derramado y no dice Dios te dio el amor?

Opuesto. Pero, ¿por qué pensáis que dice derramado y no dice Dios os amó o Dios os ha dado su amor?

Si yo te doy una botella de agua o si yo te derramo una botella de agua, ¿es lo mismo?

Derramar es algo abundante, derramar es algo abundante. Dice el diccionario que en esta palabra en específico, en Romanos 5:5, derramar aquí significa hacer que alguien experimente algo de forma plena y abundante. Y proponen traducirlo así: nuestros corazones han sido hechos experimentar plenamente el amor de Dios. Y quien lo derrama no eres tú sobre ti mismo. Quien derrama el amor de Dios sobre tu corazón no es otro que el Espíritu Santo.

Es Dios. Dios es quien derrama su amor sobremanera, de manera plena, de manera abundante, sobre tu corazón. ¿Por qué añade esto a la esperanza? Porque podríamos haber dicho: bueno, Cristo murió, esa es la mayor prueba de amor. ¿Por qué Pablo también tiene que decir: bueno, pero no solo eso, no solo te muestra eso, sino que el Espíritu Santo ha derramado el amor de Dios sobre tu corazón?

Cualquier persona que haya leído un poco o estudiado un poco en el mundo puede saber que Cristo murió en una cruz hace 2000 años, pero yo te pregunto, ¿qué diferencia hay entre ese hecho de que Cristo murió en una cruz? ¿Qué diferencia hay entre ese hecho para un no creyente o para el creyente?

Porque Cristo murió igual, la salvación. Pero o sea, cuando tú ves ese hecho, ¿qué piensas que el creyente, el no creyente, no puede pensar?

En el amor del Señor. Y eso lo veo como una obra de amor. El no creyente puede decir, bueno, era un profeta, era un judío, no se le entendió bien en su época y en su tiempo, y al final pues murió como tantas personas han muerto en la historia de la humanidad, perseguidas, torturadas, esclavizadas. Siguen muriendo hoy en día. Pero para el creyente, para el creyente, es una demostración de amor vivo.

Y nos dice quién produce esta diferencia en el creyente, y es el Espíritu Santo. 1ª de Corintios 2:12. 1ª de Corintios 2:12. Puede ser de la sangre en el altar. Se consagraban los elementos del altar, ¿no?

Derramando aceite sobre ellos, se consagraban para el servicio de Dios. Y ahora en este versículo dice que él derrama sobre nosotros su amor también. Sí, sí, sí, sí, también, seguro. La palabra de Dios es inagotable en todo lo que podemos sacar. ¿Estáis en 1ª Corintios 2:12?

Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el espíritu que proviene de Dios. ¿Para qué?

Por eso el creyente, por el Espíritu Santo, puede entender, puede saber, puede experimentar que el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones. Podríamos hablar de cosas del amor de Dios que hoy no nos dará tiempo, pero algo importante de ver estas dos facetas del amor de Dios es esto para nuestra vida, para la vida del creyente. Y Jonathan Edwards decía en todo esto: una cosa es saber que la miel es dulce y otra cosa muy distinta es probarla.

La gente del mundo pueden saber que la miel es dulce, pero el creyente la ha probado, le ha gustado por el Espíritu Santo, por el Espíritu Santo. ¿Cuáles son las dos patas o las dos facciones del amor de Dios que son importantes para nosotros en todo esto? Que hay una parte del amor de Dios que es externa a nosotros. Hay un hecho real que ocurrió hace 2000 años al cual yo puedo mirar, al cual yo puedo leer, en el cual yo puedo estudiar, en el cual yo puedo basar mi confianza, y es que Jesucristo murió hace 2000 años en una cruz.

Pero también hay algo dentro de nosotros, y es que nos fue dado el Espíritu Santo, y el Espíritu Santo ha derramado el amor de Dios en nuestros corazones. La experiencia del amor de Dios no es un sentimiento que va flotando por su cuenta, no es una sensación difusa que me hace sentirme querido.

Hace que el corazón perciba el amor de Dios como suyo, como esto es mío, esto es de Dios para mí, esto es personal, esto es individual. Por eso, cuando el sentimiento flaquea, y va a flaquear, por las pruebas, el creyente no se queda sin un ancla de decir: ay, no siento este amor de Dios derramado. Puedo mirar a la cruz y ver que ahí hay amor. ¿Me entendéis? Esto nos ayuda aún en nuestra vida matrimonial, en nuestras relaciones.

Hoy yo puedo estar enfadado, o mi padre puede estar enfadado, o mi madre puede tener un mal día, y y tal vez me ha dado una contestación, uno, si es infantil, diría: mi madre no me quiere, mira cómo me ha hablado, mira lo que me ha dicho.

Y en ese momento no siento que mi madre me ame. Pero si yo soy honesto, yo puedo mirar y decir: desde el día en que yo vine a este mundo, mi madre no ha hecho otra cosa que amarme. No porque me haya dicho 100 veces que me ama, sino porque me ha alimentado, me ha cambiado los pañales, siempre me llama, siempre se preocupa por mí, siempre está atenta a qué necesito, siempre me da regalos, siempre me da cosas. Eso vale más que una mala respuesta. Cristo no te va a dar una mala respuesta.

El ejemplo es para que podamos ver que aun si yo no lo siento, hay una obra que lo demuestra. Hay una obra a la que yo puedo mirar y decir: ciertamente Dios me ama. Porque fue a la cruz. Y si no creo eso, si no crees eso, es que no eres cristiano. Si no crees que Cristo fue a la cruz, hay que ir a otro capítulo de la Biblia para eso.

Estamos hablando a creyentes ahora aquí. No siento el amor de Dios, siento como si Dios se hubiese apartado, no, pero creo que fue a la cruz. Y aun si en ese momento no siento esa pasión, está ahí, está en esa cruz, la cual puedo cerrar mis ojos y verla. No sé si me entendéis. No veo la cruz exacta, pero la veo, la miro.

La esperanza del creyente no quedará en vergüenza en el día decisivo porque descansa en el amor de Dios por nosotros, una vez, perdón, un amor demostrado de una vez y para siempre en la cruz cuando aún éramos enemigos. Enemigos, derramado abundantemente en nuestros corazones por el Espíritu para que lo conozcamos y lo disfrutemos como nuestro. Y ahora os pregunto: ¿qué clase de amor es este, el de Dios? ¿Qué clase de amor es este? Sabemos que no avergüenza, pero vamos a detenernos aquí.

Y esto os haré algunas preguntas y espero que alguno diga: ¿esto qué es? Al menos a mí me ha pasado preparándolo.

Vamos a mirar una cosita en la pizarra.

Cristo y su sacrificio

Cuando Pablo, por medio del Espíritu Santo, aquí define por quiénes murió Cristo, quiero que lo miréis. Versículos 6, 8 y 10, cómo describe Pablo a aquellos por quienes murió Cristo.

Vamos en orden: 6, 8 y 10, me parece que os he dicho, ¿no?

¿Cuál es la primera?

Débiles. Voy a hacer una cosita aquí.

Débiles. ¿La segunda es?

Débiles. La segunda es impíos. La tercera, pecadores. Sí, a mirar, que no me fío. Sí.

Débiles, impíos, pecadores y enemigos. Eso es, ¿qué pasa?

Pecadores. Y en el versículo 7, ¿por quién estaría dispuesto a morir una persona? ¿Qué nos dice el versículo 7?

Dice dos cosas.

O sea, ¿por quién muere Cristo? Débiles, impíos, pecadores y enemigos. ¿Por quién estaría dispuesto a morir un hombre, según el versículo 7, y qué matices le da, qué dice del justo.

Leerlo, leerlo. Apenas, apenas por un justo. Y por el bueno, dice, pudiera ser apenas. Es decir, ¿por quién muere el ser humano? Apenas, si de acaso, en su mejor versión, ¿podría ser por un justo o por un bueno?

¿Por quién muere Cristo? Débiles, impíos, pecadores y enemigos. ¿Qué nos da a entender esto del amor de Dios? ¿Qué nos da a entender? ¿Qué tienen en común las personas de aquí, de esta columna, de aquí, justo y bueno?

¿Qué tienen en común?

No, no, está hablando de personas. No, no, no, no, la pregunta no es buena, la pregunta no es buena. Es decir, si tú miras por los que murió Cristo y por los que tal vez moriría un ser humano, buena gente y mala gente, dignos de amar, no dignos de amar. Aquí no hay nada a lo que mirar para rescatar. El ser humano, en su mejor versión, tal vez, tal vez moriría por algo digno de morir.

Cristo muere por algo que no es digno de morir en ningún momento, lo cual nos muestra que el amor de Dios brota de algo muy diferente a de qué brota el amor del ser humano. El amor del ser humano, ¿de qué brota? De ver algo digno de ser amado. ¿Me entendéis? El amor del ser humano brota de algo digno de ser amado.

Aparte, si os fijáis en débiles, impíos, pecadores y enemigos, es como que va de menos malo a más malo. Es cada peldaño es peor que el anterior. Y Cristo no murió por los débiles, Cristo murió por sus enemigos. Cristo murió por sus enemigos. Y esta era la pregunta: ¿qué pone en marcha el amor humano, incluso el mejor?

¿Y qué pone en marcha el amor de Dios? ¿Entendéis qué pone en marcha? Es decir, ¿qué motiva el amor humano y qué motiva el amor de Dios?

Sí, por conveniencia. El de Dios es incondicional, por interés. El amor humano responde a algo que ve en el otro: su bondad, su justicia, su dolor. Necesita una razón fuera de sí mismo para amar. El amor de Dios no lo puso en marcha ninguno de estos, no lo motivó nada de todo esto, porque nosotros aparte no había nada que pudiera atraer el amor de nadie.

Por lo que nos hacen sentir, ¿verdad? Aún con nuestras mujeres, aún con los hijos, aún con los padres, siempre se les ama por un motivo externo. Porque te han querido, porque han sido buenos contigo, porque te hacen sentir bien, porque lo que quieras, porque era guapo, porque era guapa, porque tal. Dirías, no, pero mira, al niño yo ya desde la barriga lo quería, porque era tuyo. Porque no amas así a todos los niños del mundo, es porque es tuyo, porque es parte de ti, porque es tu prole, porque es tu descendencia.

Aún muchas veces porque te hace sentir especial. Y ya cuando nace, aún, aún si los bebés muchas veces los primeros días de vida dices, qué carita tiene, ¿no? Pero aún el padre, la madre lo ve y se lo quieren comer.

¿Me entendéis?

Amar a los que lo merecen no demostraría gran cosa de parte de Dios. Eso lo hacemos todos, aún los débiles, impíos, pecadores y enemigos.

Lo que demuestra cómo es el amor de Dios es lo que les dio a los débiles, impíos, pecadores y enemigos. Y os pregunto, ¿por qué nos ama Dios? Y esto lo explica muy bien Deuteronomio 7, Deuteronomio 7:6-8. Vamos a leerlo, por favor.

Y recordar esto, porque parece que lees ese pasaje de Romanos Y dices, pero te demuestra a quién ama el hombre, a quién ama Dios, o a quién ha estado dispuesto a amar Dios, y a quién estamos dispuestos a amar nosotros para llegar a hacer lo mismo que hizo Dios. Deuteronomio 7:6-8, ¿lo tenéis?

¿Alguien lo quiere leer?

Porque tú eres pueblo santo para Jehová tu Dios. Jehová tu Dios te ha escogido para hacerte un pueblo especial, más que todos los pueblos que están sobre la tierra, sino por cuanto Jehová os amó y quiso guardar el juramento que juró. No, te has saltado una parte, el 7.

No por ser vosotros más que todos los pueblos os ha querido Jehová y os ha escogido, pues vosotros erais el más insignificante de todos los pueblos. Sigue el 8: sino por cuanto Jehová os amó y quiso guardar el juramento que juró a vuestros padres, os ha sacado Jehová con mano poderosa y os ha rescatado de servidumbre de la mano de Faraón, rey de Egipto. Ya está, gracias. Primera pregunta: Dios descarta aquí una razón por la que podría haber amado a Israel. ¿Por qué dice Dios que no amó a Israel?

O sea, Dios lo amó, pero dice: este no fue el motivo. ¿Cuál es eso? Muy bien. Es decir, no los amó porque fueran más grandes, más numerosos, más listos. Más bien dice lo contrario, que eran los más insignificantes de todos los pueblos.

¿Y cuál es la razón que da Dios por la cual amó a Israel?

Sino por cuanto Jehová os amó. Esa es la razón, que Dios amó porque Dios amó. Aún si fueses a lo del juramento, que está en Deuteronomio 4:37, el juramento dice: por cuanto él amó a tus padres, y por eso les hizo el juramento. ¿Y por qué amó? Porque amó.

O sea, a mí, en cuanto decíamos esto, ¿por qué amo? Porque es justo, porque es bueno, porque hay algo digno de ser amado. Dios no puede amar nada que no sea digno de ser amado, porque no hay nada digno de ser amado que no sea Él. Por eso, la razón por la que el ser humano ama es externa a él. La razón por la que Dios ama es interna.

¿Me entendéis? Dios ama porque decide amar. Dios ama porque es amor. Yo amo porque veo algo digno de ser amado. ¿Me entendéis?

Y es una diferencia enorme.

Dios os amó porque os amó. Porque es amor. Y nosotros lo que hacemos es diferente, lo que estabas diciendo. Lo que vemos es lo que amamos, pero él ama porque es amor. Porque es amor y porque ha decidido amar, porque no ama a todo el mundo de la misma manera, o a todas las personas.

Aquí estamos hablando de su pueblo escogido. Lo amó, ¿por qué? Porque decidió amarlo, porque quiso amarlo. El motivo no proviene de nada en nosotros, el motivo proviene únicamente por él, por su amor. Bueno, lo acabo de decir, porque lo eligió.

Sí, sí.

Entiendo que Dios ama porque el perdón por la persona es que no le queda otra, porque Dios es amor. Dios no puede no amar.

Bueno, Dios odia también. Pero Dios no es justo, hermano, porque Dios es amor. Porque Dios no es odio, sino justicia. Sí, pero bueno, aquí estamos estirando una línea y hay que tener varias cosas en concreto, Dios no puede no amar, pero puede solo amar al Hijo y al Espíritu Santo, y haber vivido así por toda la eternidad. Pero Dios decide crearnos, fruto de su voluntad, fruto de su amor abundante, porque quiso hacerlo, porque decidió hacerlo.

Entonces, aun cuando nosotros caemos, él puede haber dicho hasta aquí, pero el motivo que él da por habernos amado es que él nos ha querido amar, que él ha decidido, que él nos ama porque nos ama. Es difícil para entender humanamente porque nosotros siempre basamos nuestro amor en base a lo que hay allá afuera, porque si no, yo no podría amar. Pero Dios es amor en su esencia, Dios es amor en su ser, y Dios ha disfrutado de este amor en la Trinidad por toda la eternidad pasada y la seguirá disfrutando por toda la eternidad futura. Simplemente ahora, siendo nosotros débiles, impíos, pecadores y enemigos, de su buen designio, de su buena voluntad, ha decidido amarnos. Por eso dice: no te amé porque fueras grande, te amé porque te amé.

Te he amado porque te he amado, porque yo lo he decidido, porque de mí sale este amor, no porque haya nada fuera de ti. Lutero explica muy bien esto en una disputa que hubo en Heidelberg, en la tesis 28, dice: el amor de Dios no encuentra lo que es digno de ser amado, sino que lo crea.

El amor del hombre surge de lo que es digno de ser amado. ¿Me entendéis? El amor de Dios no encuentra lo que es digno de ser amado, lo crea. El amor del hombre surge de lo que es digno de ser amado. En lo que os decía, Dios te amó porque te amó, parece que es una respuesta que no explica nada.

Os quiero leer lo que he escrito. Pero es la explicación más profunda que existe. Dios no da una razón fuera de sí mismo para amarnos porque no la hay, no la hay. Nuestro amor, incluso el mejor, siempre tiene una razón en el otro: porque es bueno, porque es justo, o simplemente porque es mío, como un padre ama a su bebé. Pero el amor de Dios no encontró en nosotros ni bondad ni justicia, ni siquiera un vínculo. Éramos enemigos.

Su amor no necesitó nada en nosotros. La causa es Él mismo. La causa es Él mismo. ¿Por qué es esto tan importante? Aparte de porque nos habla de la grandeza y la magnificencia de Dios, por la siguiente pregunta: si el amor de Dios no lo puso en marcha nada que hubiera en nosotros, ¿qué puede hacer que se detenga?

Si el amor de Dios no lo puso en marcha, no lo motivó nada que hubiera en nosotros, ¿qué puede hacer que se detenga ese amor?

Nada, nada, nada causó que se iniciara, nada puede causar que se detenga. Piensa en ti mismo cuando caes, cuando pecas, cuando tienes una mala semana. Te miras al espejo, o al menos yo lo hago, y pienso: Dios ya no me puede seguir amando después de esto, soy un hipócrita, soy un desgraciado. Pero la respuesta es la misma: si nada en mí hizo que Él me amara, nada en mí puede apagar ese amor, porque su amor en ningún momento ha dependido de mí en nada. En nada.

Lo único que podría hacer que se detuviese el amor de Dios sería si él cambiara, pero Dios no puede cambiar, porque Dios no es hombre para que mienta, ni hijo de hombre para que se arrepienta, y porque en Dios no hay mudanza ni sombra de variación. Y aparte nos dice que irrevocables son los dones y el llamamiento. Si el amor de Dios dependiera de nosotros, viviríamos perdiéndolo cada segundo de nuestra vida. Gloria a Dios que no es así. Gloria a Dios que no es así.

Y ya llegaremos a Romanos 8:39 y lo estudiaremos a fondo. Pero lo que Pablo empieza aquí en Romanos 5:5, dice que el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones. ¿Por qué? Por el Espíritu Santo, porque Dios ha querido. Y Dios te ha amado porque Dios es amor y porque él ha querido No tienes nada que ver en eso, simplemente eres un mero receptor, no mero de pescado, sino un simple receptor del amor de Dios.

Romanos 8:39 nos dice: ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo porvenir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios que es en Cristo Jesús, Señor nuestro. Nada de lo que él ha creado, ni tú mismo, ni tu pecado, ni tus faltas, ni tus caídas, ni tus depresiones, ni tus amarguras, ni nada podrá separarte del amor de Cristo, porque nunca ha dependido de ti. Solo, únicamente, siempre, eternamente depende de él, y es incambiable. No sé si os dais cuenta de esto. Mirad, mirad cuál amor nos ha dado el Padre, miradlo, gozaros en él, contemplarlo, disfrutarlo, saborearlo.

Como digo siempre, aún en tu peor día, en el que has hecho la peor desgracia que podías hacer, ese amor sigue intacto, ese amor sigue puro, ese amor sigue esperándote, ese amor sigue extendiendo sus manos Porque nunca empezó por tus obras, no va a terminar tampoco por tus obras. Echa mano de ese amor, ánclate, disfrútalo. Y la Biblia está llena de versículos que nos dicen: mirad cuál amor nos ha dado el Padre para que ahora seamos llamados hijos de Dios. ¿Qué dice el Evangelio de Juan 3:16? Porque de tal manera amó Dios al mundo que dio a su Hijo unigénito. Aún hay muchos otros versículos que nos dice: como el Padre me ha amado, dice Jesús, así yo os he amado.

Puedes pensarlo esto, que el Hijo te ama como el Padre le ha amado a él.

Aún en Cantar de los Cantares, de manera tipológica, nos dice: oh, si él me besara con los besos de su boca, porque mejores son sus amores que el vino. El amor de Dios es algo en el que el creyente tiene que estar afirmado, gozándose, con perdón, nadando, buceando en ese amor. Aún Pablo nos dice en Efesios 3 que podamos contemplar la altura, la anchura, la profundidad del amor de Dios, que es en Cristo, pero dice que es, que sobrepasa todo entendimiento. Pero hasta donde llegue tu entendimiento, hazlo.

No, no, no, quiero decir, el amor de Dios sobrepasa todo entendimiento, pero hasta donde te dé el entendimiento, búscalo, disfrútalo, bucéalo, nádalo, tírate en él. No sé cómo explicarlo con más palabras, pero echa mano de ese amor que no se va a ningún lado.

Con amor eterno, dice también mi Padre, te he amado.

Conclusión y reflexión final

Está bien nuestro pecado, está bien, hay que arrepentirse, está bien la justicia. El amor también es un campo en el que tenemos que movernos y disfrutar. Y con esto terminamos, que son y 35. Esta noche hemos visto que nuestra esperanza no quedará en vergüenza porque descansa en el amor de Dios por nosotros, un amor que se demostró en la cruz por débiles, impíos, pecadores y enemigos, que no nació de nada que hubiera en nosotros sino de Dios mismo, y que precisamente por eso nada en nosotros lo puede apagar. No sé si tenéis preguntas, comentarios.

Siempre nacemos con pecado, todos, y a no ser que conozcas