Bosquejo
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Introducción
Sí, vamos a continuar con nuestro estudio del libro de Romanos. Si me queréis acompañar al capítulo 5, cada vez os abrís más hacia los laterales. Acordaos de poner los móviles en silencio. Romanos capítulo 5, leeremos del 1 al 5, pero hoy trataremos del 3 Al 5 y medio.
También, también.
Mejor la próxima semana podemos intentar hacerlo así como tipo clase.
¿Estáis? Vamos a leer. Dice así la palabra del Señor: Justificados pues por la fe, paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo, por quien también tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios. Y no solo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo Y no solo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia, y la paciencia prueba, y la prueba esperanza, y la esperanza no avergüenza, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado. Gracias, Padre, por poder estar un día más en tu casa.
Gracias por poder estudiar tu palabra. Que puedas revelarte esta tarde en medio nuestro, que puedas ser glorificado y que nos puedas dar sabiduría y entendimiento para poder conocer, aprender y entender tu palabra. En nombre de Jesús, amén. Bien, terminamos la semana pasada el versículo 2, donde habíamos hablado de gloriarnos, y decía gloriarnos en la gloria de Dios, en la gloria futura. En la gloria que un día recibiremos, que un día compartiremos con nuestro Señor Jesucristo, con Dios el Padre, con el Espíritu Santo.
Y en uno de los momentos Raúl dijo: bueno, pero como para mañana por la mañana también me tiene que servir esta gloria. No, no dijo esas palabras exactamente, pero como para hoy, ¿qué hay para hoy? Es como si uno tiene hambre y le dicen, no te preocupes, que ya en la eternidad comerás. Dirás, ya, pero es que yo el hambre también la tengo hoy, ¿no? Y es lo que veremos en los versículos que vienen hoy, los versículos que tenemos por delante.
Para empezar con una pregunta, intentar no contestarme con monosílabos, es decir, no solo con una palabra, pero Si tuvieseis que explicar qué entendéis así de primeras en este versículo 3 y 4, o 3, 4 y 5, cuando dice: y no solo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia, y la paciencia prueba, y la prueba esperanza, y la esperanza no avergüenza, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado. ¿Qué diríais?
¿Qué entendéis si leéis esto mañana por la mañana en el devocional y hoy no hemos dado un estudio de esto? Leéis estos versículos y decís, venga, pues para adelante con el día. ¿Qué sacáis? Bueno, esto lo que significa es, en los momentos difíciles que cada uno atraviesa en este peregrinaje, pues en estos momentos difíciles viene a decir que Es cuando realmente, pues también, aparte del autoconocimiento de lo que está sucediendo, muy bien, el autoconocimiento te lleva a la esperanza, y la esperanza, la meta final de ella, pues es Cristo. Amén.
Muy bien, Noemí, muy bien. ¿Alguien más se presenta al examen? Que lo que antes podía ser un amargamiento de día o llama nada más levantarte, coger el coche e irte a trabajar, un ejemplo, y podrías seguir ya mejor día a día. Mira, he aprendido de esto y sé que esto me puede suceder, y bueno, si me ha sucedido, eso por algo. Muy bien.
Dios sabe y él me protegerá en lo bueno, en lo malo, en lo que me guste, en lo que no. Muy bien, muy bien. Buenas respuestas.
La Tribulación y su Significado
Pablo empieza el versículo 3 diciendo: y no solo esto. ¿Por qué empieza diciendo y no solo esto? Porque en el versículo 2 nos dice: nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios. Nos esperamos, nos gloriamos, nos— si os acordáis, esta palabra gloriarnos también podía ser nos gozamos, nos jactamos, nos— perdón, ¿qué dijiste? Nos alegramos en la esperanza que tenemos.
Y Pablo dice: pero no solo esto, como lo que nos decía Raúl del ejemplo que he puesto, pero ¿y mañana por la mañana? No, dice: y no solo esto, sino que también nos gloriamos, misma palabra, también nos gloriamos en las tribulaciones, también nos gloriamos en las tribulaciones. Y esto humanamente es raro, Humanamente hablando, o aún entre cristianos, ¿cuál diríais que es la primera respuesta, reacción, la actitud más común que hay frente a una tribulación?
Angustia, enojo, desesperación, amargura, tristeza, ira, frustración.
Queja, miedo. Las conocemos, las conocemos, las conocemos porque somos humanos, y las conocemos también porque todos experimentamos tribulaciones, algo que también ahora veremos.
Pero al principio, cuando ponía esta pregunta, decía humanamente, como si fuese del mundo, pero del mundo y de la Iglesia. Nos pasan estas cosas, reaccionamos de esta manera. Y aquí Pablo nos presenta con una imposibilidad, humanamente hablando, una imposibilidad que es el gozarnos en las tribulaciones, es el alegrarnos, es el jactarnos o el gloriarnos, como pone aquí, en las tribulaciones. Bien, la palabra gloriarnos ya la vimos la semana pasada. Palabra tribulaciones, que es la que está aquí en el versículo 3.
Si yo te preguntase qué es o cómo definirías tú una tribulación, y antes que me contestes con prueba, para que vayas un poquito más allá, es como si yo te pregunto qué es una casa y me dices un hogar, pues un poco nos hemos quedado en el mismo lado. Pero si tú pudieses explicar qué es para ti una tribulación, o cómo le explicarías a un extraterrestre que te dice, oye, ¿qué es una tribulación? Es un momento difícil en el cual estás pasando y puede ser que no le veas salida o que no veas por dónde ir. Muy bien.
Es algo inesperado que sucede y que nos hace sentir que no tenemos el control. Muy bien.
Pero lo más duro de esto es que esa tribulación te lleva a una esperanza. Pero, ¿qué es tribulación? Esa es la pregunta, y habéis contestado bien, habéis contestado bien. La palabra griega, cuando menciono muchas veces en los estudios las palabras griegas, porque es como fue escrito el Nuevo Testamento, nunca es como por querer sonar así como, oh, cuánto sabe esto. Es tan fácil como buscar en Google palabra griega para tal, o en un diccionario bíblico.
Esto no es de eruditos, sino es de tener una herramienta y mirarlo. Yo no sé hablar griego ni sé leer griego, pero como sé buscar en un diccionario en español, pues sé buscar. Y muchas veces nos ayudan a hacer, o a mí al menos me ayudan a hacer clic en algunas cosas, decir, ah, entiendo. ¡Ah, ya sé! La palabra griega para tribulación no se utilizaba tanto para personas como para cosas del trabajo, sino para materiales.
Podía ser madera, podía ser metal, podía ser— no había cemento en aquella época, pero me entendéis. Y se utilizaba en el sentido de presionar, apretar o comprimir algo. De aquí viene la palabra tribulación que nosotros tenemos en español. Pero la palabra de algo comprimido, de algo presionado, ¿entendéis? Entonces, cuando pensamos en tribulación de esta manera, ¿qué es una tribulación?
Es algo que, no hablando de materiales, sino ya a nivel emocional, personal, la tribulación es algo que nos oprime, es algo que nos pone bajo presión, es algo que nos pone bajo prueba, es como un peso no real, pero un peso de manera figurada que viene sobre tu vida. Es un peso que viene sobre tu vida, y muchas de las definiciones tienen que ver con prueba, test, examen, someterte a una presión. Y yo me preguntaba, ¿qué es lo que examina esta prueba? ¿Qué es lo que pone a prueba? ¿Qué es lo que ejerce esta presión sobre qué?
O para qué. Y leía un comentario de un hombre que se llama Moo, M-O-O, un nombre curioso, y dice: todo sufrimiento, toda tribulación, delata la presencia del enemigo e implica ataques contra nuestra relación con Cristo. Esto es importante porque las tribulaciones podríamos decir, aunque aquí hablamos bíblicamente, las tribulaciones, las pruebas, las pasa el creyente y el incrédulo. O sea, el mundo está lleno de gente que vive tribulaciones, pruebas, molestias, angustias, etcétera, problemas. Pero para el cristiano esto es diferente, porque la tribulación tiene un, vamos a ponerlo así, tiene como un eje vertical y otro horizontal.
El horizontal es el que todos humanamente, creyentes o no, podemos experimentar. Tú puedes ser creyente y tener o no tener dinero, puedes ser creyente y tener o no tener problemas con tus hijos, puedes ser creyente— pero el no creyente también puede tener todos estos problemas. Aquí hablamos de este eje horizontal, pero lo que el creyente sí tiene que no tiene el incrédulo es el eje vertical, que es cómo yo reacciono en esta prueba ante Dios. Es decir, el incrédulo y el creyente, todos pueden ser expuestos o sometidos a las mismas pruebas. Aún si me dices tortura, sufrimiento, enfermedad, persecución, etcétera, todos podemos experimentar esto.
Pero la relación vertical de esta tribulación nosotros la tenemos, los creyentes, y los incrédulos no la tienen. Sigue diciendo este hombre: de las tribulaciones. Si la tribulación se enfrenta con duda acerca de la bondad de Dios y de sus promesas, con amargura hacia los demás, o con desesperación e incluso resignación, estos sufrimientos pueden conducir al creyente a una derrota espiritual. Pero si se enfrenta con la actitud de confianza y gozo que Pablo aquí nos comenta, estos sufrimientos producirán aquellas valiosas cualidades espirituales que Pablo nos enumera aquí, que es que la prueba, el sufrimiento, produce paciencia, perseverancia. Esto produce carácter o produce prueba, y la prueba produce esperanza, como ahora nos también decía Emi.
Y esto es algo importante, porque ni por ser creyente ni por ser humano, el hecho de estar sometido a esta presión o a esta tribulación va a producir algo en ti como si fuese un interruptor de la luz. Si todo funciona bien y tú le das a la luz, al interruptor, se enciende la bombilla. Pero lo que aquí Pablo nos está diciendo no es que sometidos a pruebas siempre terminaréis con esperanza. Eso no es lo que Pablo está diciendo, sino que si nos gozamos en las tribulaciones y todo lo que veremos ahora, terminamos en la esperanza.
La vida, el mundo, está lleno de personas que pasan pruebas terribles, y muchas veces nos habremos encontrado nosotros mismos, habremos sido los que decimos estas frases de: si tú supieras lo que yo he vivido, si tú supieras lo que yo he sufrido, si tú supieras lo que yo he pasado.
Sí, lo hemos escuchado esto alguna vez, y ya después de esto viene la maratón de de sufrimientos interminables.
Y esa prueba puede haber producido algo o no, pero el hecho de pasarla no cambia nada, porque como os decía, en el mundo está lleno de personas que han sufrido mucho, y la Iglesia también. Pero yendo al mundo, porque es un ejemplo más claro, eso no produce nada espiritualmente hablando. Esa persona, aún humanamente podrás decir: bueno, desde que pasó esto parece que es más paciente, o desde que pasó esto parece que es más humilde, pero espiritualmente hablando eso no ha producido nada, es a nivel humano.
El tiempo, dicen que el tiempo todo lo cura, pero esto no es lo que dice la Biblia, porque el tiempo también puede producir en el ser humano un resentimiento y una amargura impresionante, porque el tiempo no cura nada, el tiempo pasa y ya está. Lo que hará uno o no en ese tiempo es lo que determinará si uno cura o no cura. Lo mismo con las tribulaciones. El hecho de haber tenido una vida llena de tribulaciones, llena de pruebas, llena de dolor, no cambia nada en el ser humano simplemente por pasar por esa prueba, sino con la actitud con la que uno pasa esa prueba. Y eso es importante para nosotros los creyentes, porque podemos estar llenos de tribulaciones, pero eso no es lo importante.
Lo importante es cómo enfrento yo esa tribulación y qué sale del otro lado. Porque si no sale nada, has pasado tiempo sufriendo para nada. Y otra cosa es que, bueno, no me adelantaré todavía porque esto viene más adelante, pero el tema es cómo enfrentamos estas tribulaciones y qué hacemos con ellas.
Hay un versículo, si me queréis acompañar, en Hechos de los Apóstoles capítulo 14, pero os haré otra pregunta mientras lo buscáis o cuando ya lo hayáis encontrado.
Hechos 14:22.
Si lo que sale cuando estamos bajo una tribulación es queja, amargura, resentimiento, abandono, evasión, la prueba no ha servido para nada. Es decir, eso mismo es lo que puede hacer todo el mundo sin ser creyente y no esperar nada a cambio. Y es más, ¿cuántas veces ves a una persona en el trabajo o donde sea, o un familiar, que ves la que le acaba de caer encima. Has visto su proceso, toda la dureza de lo que ha vivido, y resulta que pasados unos meses ves que se vuelve a meter otra vez en la misma situación, ves que vuelve a tomar la mala decisión, ves que vuelve a tomar el mal camino, ves que vuelve otra vez a aquello. Entonces uno diría, bueno, pues la tribulación en sí misma ciertamente no enseña nada, porque si no, esa persona hubiera aprendido algo, sino cómo uno enfrenta eso.
La pregunta que tenía es: ¿Pablo dice si alguna vez tenemos tribulaciones o da por hecho que las tendremos?
La Necesidad de las Tribulaciones
Lo da por hecho que las tendremos. Por eso dice que gloriaros en las tribulaciones, porque si no, esto sería: aquellos que tengáis tribulaciones, gozaros o gloriaros. Pero dice: gloriaros, es decir, todos vamos a tenerlas. Y decía un pastor: si en tu vida como cristiano no tienes tribulaciones, hay algo que estás haciendo mal, porque es la norma del cristiano. Y a pesar de lo que muchas veces se enseña en las iglesias, cuando vienes a Cristo la tribulación no disminuye, la tribulación siempre aumenta, porque si tenías tribulaciones siendo hijo de Satanás, ahora que eres hijo de Dios y eres enemigo de Satanás, muchas más tribulaciones podrás esperar.
No es lo contrario, no es ven a Cristo que tu vida va a ser una maravilla. No, eso no es así. Y la Biblia está llena de esos ejemplos. ¿Qué dice Hechos de los Apóstoles 14:22?
Exhortándoles a que permaneciesen en la fe y diciéndoles: es necesario que a través de muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios. Es necesario, es necesario que a través de las tribulaciones entremos en el reino de Dios. Y otro versículo para respaldar esto, Mateo 7:13-14.
Mateo 7:13-14.
¿Quién lo tiene? Si lo podéis leer.
Porque estrecha es la puerta y angosto el camino que lleva a la vida.
Has leído el 14, ¿no? Sí, bueno, 13 y 14, pero con el 14 nos vale. Estrecha es la puerta y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan. La palabra aquí utilizada para angosto viene de la misma palabra que tribulación, porque, ¿qué significaba tribulación en el original? ¿Os acordáis?
Bajo presión. ¿Y qué es algo angosto? Algo estrecho, algo también entre comillas bajo presión, es decir, se cierran las paredes y eso es angosto. Así que Pablo nos dice, perdona, Lucas nos dice en Hechos de los Apóstoles que es necesario que a través de muchas tribulaciones, a través de mucha presión, a través de algo muy angosto, entremos en el reino de Dios. Y aquí nuestro Señor Jesús nos dice que la puerta es estrecha, y que el camino es también angosto, presionado, con tribulaciones.
Entonces nos están diciendo lo mismo.
Y una cosa más que quería resaltar es que el que nos está hablando aquí es el apóstol, en Romanos, perdón, Pablo, Pablo, perdón, sí, en Romanos, en Romanos quiere decir, no en Hechos, perdonad. Sí, Hechos, Lucas, Romanos, el apóstol Pablo. Y Pablo nos habla desde la experiencia. Pablo no te dice gózate tú en las tribulaciones y él vive en un palacio atendido por ángeles y sin problema alguno. Pablo nos comenta parte de esto en 2ª de Corintios.
Si me queréis acompañar ahí también, leeremos primero 2ª de Corintios 11 a partir del versículo 23. 2ª Corintios 11:23, ¿estáis? Dice: son ministros de Cristo, como si estuviera loco hablo, yo más, en trabajos más abundante, en azotes, perdón, que tengo una mosca por aquí, en azotes sin número, en cárceles más, en peligros de muerte muchas veces.
De los judíos, 5 veces he recibido 40 azotes menos 1, 3 veces he sido azotado con vara, una vez apedreado, 3 veces he padecido naufragio, una noche y un día he estado como náufrago en alta mar, en caminos muchas veces, en peligros de ríos, peligros de ladrones, peligros de los de mi nación, peligros de los gentiles, peligros en la ciudad, peligros en el desierto, peligros en el mar, peligros entre falsos hermanos, en trabajo y fatiga, en muchos desvelos, en hambre y sed, en muchos ayunos, en frío y en desnudez, y además de otras cosas, lo que sobre mí se agolpa cada día, la preocupación por todas las iglesias.
Y ahí, en el mismo Corintios, en donde estamos, en el capítulo 12, si leyésemos el versículo 9, Pablo está hablando aquí del aguijón en la carne, un mensajero de Satanás que lo abofeteaba, que él le pidió al Señor que se lo quitase 3 veces.
Y el Señor le contestó en el versículo 9: Y me ha dicho: Bástate mi gracia, porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, nos dice él, lo mismo que en Romanos, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo. Como ya habéis visto la lista de 2ª de Corintios 11, Pablo altamente experimentado en tribulaciones, porque tal vez, yo pienso en mí, al primer azote yo hubiese saltado. Pero él nos pone 4 o 5 veces, 40 veces menos 1, 39 azotes. Si lo multiplicas por todas las veces que fue azotado, apedreado, apaleado, dado por muerto, naufragado.
En España diríamos: a este lo ha mirado un tuerto, ¿no? Porque, Dios mío, por favor. Esa era la recompensa de ser apóstol, esa era la recompensa de escribir 3 cuartas partes del Nuevo Testamento, esa era la recompensa de ser lleno del Espíritu Santo, de tener dones, de tener— esa era la recompensa. Y él nos dice en el capítulo 12 que se gloriará más bien en sus debilidades para que repose sobre él el poder de Cristo. Entonces Pablo aquí no nos habla desde la no experiencia, sino de la experiencia fundada sobre muchos, muchos, muchos años.
Y algo importante, que parece que lo físico importa más, y importa, pero decía, aparte de esto, decía, la presión, la preocupación que se agolpaba sobre él en el cuidado de todas las iglesias. De todas las iglesias, cómo estarán estos hermanos, cómo estarán aquellos. Si ves muchas de las cartas, por ejemplo Gálatas es una, escribe fuertemente, o a Corintios, preocupado por decir: predicamos, explicamos, enseñamos durante años, y ahora han entrado unos que quieren robar la libertad de los hermanos, que están diciendo: hay que circuncidarse, hay que judaizar, no hay que hacer esto, no hay tal. Dice: me temo de vosotros que haya trabajado en vano. ¿Quién os engañó llevándoos a otro evangelio diferente?
Imaginar a alguien que amaba tanto la iglesia, estando lejos, sin poder llamar por teléfono o hacer una videoconferencia, solo por cartas, sin tal vez poder ir, y viendo que la iglesia allí por la que tanto trabajó se está desmoronando, la están turbando, están enseñando falsa doctrina, ¿Cuántos hermanos se habrán perdido? El sufrimiento por esa iglesia, por la otra, por la otra, por la otra. Así vivía Pablo. Y este Pablo es el que nos dice que nos podemos gloriar en nuestras tribulaciones, que nos podemos gozar. Y en él tenemos que tener ejemplo, aparte de en Cristo, evidentemente.
Pero Cristo podría decir, bueno, pero era Dios.
Pero igual es ejemplo para nosotros. Pero con Pablo, Pablo no era Dios. Pablo era un pecador salvo por la gracia de Dios, como tú, Y como yo. Y hay una palabra, si seguimos ahora en Romanos 3, que os haré otra pregunta.
Pablo no dice que nos gloriamos porque la tribulación sea buena. En el versículo 3 busca la palabra que explica por qué podemos gloriarnos. ¿Nos gloriamos en la tribulación o en otra cosa? En el versículo 3.
¿Qué palabra veis que es la que nos da el por qué nos podemos gloriar?
Pensar un poquito más fuerte.
Y no solo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones sabiendo., sabiendo Sabiendo. Os pongo un ejemplo. Si hoy, vamos a poner a Raúl, que lo tengo aquí delante. Si lo último que tú recuerdas, Raúl, es que estabas viendo la tele en el sofá de tu casa después de un día de trabajo, y de repente te despiertas en una cama de hospital entubado, lleno de cables, con una cicatriz enorme en el abdomen, y no recuerdas nada más, ¿cuál sería tu reacción?
Desesperado, diría que, ¿qué está pasando aquí? ¿Esto qué es? ¿Qué hago yo aquí? Yo estaba en mi casa, ¿qué me han hecho? ¿Me han secuestrado?
¿Qué ha pasado aquí?
Pero sin embargo, si Raúl llevase, vamos a poner, 2 años luchando con un cáncer de intestinos, y los últimos 2 meses el doctor le ha dicho, mira, Raúl, ya hemos encontrado la causa, hemos encontrado no sé qué, te vamos a llevar a una operación, te vamos a operar, y si extirpamos esto, vas a ser sano de tu cáncer. Y Raúl, pasada la cirugía, se despierta y ve los cables. ¿Es lo mismo la reacción? Porque aunque puedes ver que hay dolor y los cables son los mismos, tú sabes que ese dolor, que esa herida, es lo que te ha curado, es lo que te ha dado vida, es lo que te va a permitir seguir viviendo. Y esa es la diferencia entre saber y no saber, y por lo que Pablo nos explica aquí esto.
El Proceso de la Paciencia
Dice: y nos gloriamos en las tribulaciones sabiendo, sabiendo lo que ahora veremos. Y eso es lo importante, que sepamos, que entendamos el porqué de las tribulaciones. Yo soy una persona muy curiosa y estoy siempre haciendo preguntas, y creo que desde pequeño siempre era: ¿y por qué? ¿Y por qué? ¿Y por qué?
¿Y por qué? Y hay cosas en el Señor que no tenemos un porqué. Pero en estas de las tribulaciones, el Señor sí nos contesta el porqué. Y creo que nos bendice mucho el saber el porqué, porque si simplemente se te dijese: Alfredo, sufre. Yolanda, pasa la tribulación y aguanta.
Pues bueno, uno podría obedecer al Señor, intentar aguantar. Pero si el Señor encima te dice el porqué y tú lo entiendes y ves la realidad, ahora eso tiene un peso, ahora eso tiene una causa, ahora eso tiene tiene para ti algo dentro en lo que tú puedes pensar, aún en medio de tu prueba y tu tribulación, y decir: vale, esto es doloroso, esto es angustiante, esto es, pero sé que es por esto, sé que el resultado será este, sé que el fin será esto, que ahora iremos viendo. Vamos ya con lo de la paciencia. Dice: sabiendo que la tribulación produce paciencia. ¿Qué significa para ti paciencia?
Esperar.
¿Alguien más? Paciencia. Aprender a esperar. Resistencia.
Saber tu límite, muy bien.
Aquí yo creo que paciencia hoy en día en el español que hablamos nos cuesta un poco entender, porque si yo digo Fernando es una persona muy paciente, pero aquí veo que la prueba produce paciencia, diría que es que la prueba ha producido que Fernando ahora sabe esperar sin quejarse. Que sabe esperar ahí en la fila del médico, que lo atiendan en la Seguridad Social. ¿Eso es lo que produce la prueba? Otra traducción que tal vez a nosotros nos ayuda más para la palabra paciencia es perseverancia. ¿Pensáis que es lo mismo paciencia o perseverancia?
No, ¿no? Perseverancia, ¿qué os transmite, qué os hace entender?
Insistir. Muy bien. Constancia. Mi padre había dicho, creo, antes resistir. Resistencia.
Perseverancia, o la palabra original utilizada aquí, la queráis traducir como paciencia o perseverancia, es capacidad para seguir soportando y mantenerse firme ante circunstancias difíciles. Capacidad para seguir soportando y mantenerse firme ante circunstancias difíciles. Es decir, que la prueba produce en el creyente, si éste se gloría en la prueba, si éste va con fe a la prueba, produce resistencia, produce la capacidad de seguir soportando y mantenerse firme. Esto es muy importante. ¿Conocéis todos lo que es el acero, el material?
¿Diríais que el acero es duro o no? Muy duro, ¿no? El acero se utiliza, si veis los rascacielos, aparte de que puedan llevar cemento o no, la estructura principal son vigas de acero enormes que van de arriba para abajo, y eso aguanta una barbaridad de toneladas de peso impresionante. ¿Por qué? Porque el acero es muy duro.
Pero para que el acero sea duro se tiene que someter a un proceso. Algunos lo llaman templar el acero, que puede que lo hayáis escuchado, o a veces también se llama revenido, que a mí revenido siempre me sonaba como algo que se ha puesto malo, pero también es un proceso al cual se somete el acero. Y el acero, tal y como sale de la fábrica antes de someterse a estos procesos, resulta que es bastante más blando de lo que hoy en día se utiliza después de este proceso. Y para que el acero se pueda endurecer y tener las propiedades por las cuales hoy se utiliza, se mete en un horno a 800 grados.
Cuando llega a esa temperatura se saca, se mete en un líquido frío para enfriarlo, se vuelve a calentar, se vuelve a enfriar, y pasado todo este proceso el acero llega a ser casi un 300% más duro, más resistente, más firme.
Y esto es lo mismo aquí para nosotros. Es decir, el acero, para que sea duro, para que no se doble, para que no para que bajo la presión de las tribulaciones no se doble, debe ser sometido a prueba, a estas presiones, a estos cambios de temperatura. Y lo mismo pasa con nosotros, y es lo que Pablo nos está explicando aquí, es decir, que nosotros, en las tribulaciones, se produce en nosotros esta resistencia. Es decir, sometida nuestra fe a prueba, sometida nuestra persona a prueba, donde se nos mete en frío, se nos mete en calor, vienen problemas, viene tal, aprendemos, nos fortalecemos y aprendemos a resistir, a mantenernos firmes, firmes en medio de esta presión.
Lo que quiere hacer la presión es doblarte, pero cuando das gloria a Dios en medio de las tribulaciones, el Señor lo que hace es fortalecerte, fortalecer tu fe, fortalecer tu esperanza, como ahora también veremos, en nuestra vida somos puestos a prueba, nuestra fe sometida a tribulación, y si en vez de quejarnos y resentirnos acudimos a Dios, nos gloriamos en la tribulación, nuestra fe persevera, se fortalece, resiste.
Por eso es importante lo que decía antes de saber, conocer, porque si entiendo el proceso y cómo funciona todo no hace que la prueba sea más fácil, pero puedo entender qué estoy pasando. Si Raúl se despierta en ese hospital y le duele el estómago y no sabe qué hace ahí, se arranca, quiere mirar, quiere saber, pero si sabe que ese es el fruto de algo que está obrando para bien en su vida, entiende y dice, bueno, me toca pasar unos días de dolor. O como mi padre ahora en la espalda, él sabe que tiene dolor, pero sabe por qué tiene ese dolor, y es porque le han hecho una operación. Entonces sabe que voy a tener que pasar este dolor unas semanas, unos meses, para que yo pueda estar bien. Y es lo mismo con las pruebas.
Dice: la tribulación produce paciencia. Y ahora, ya pasando al versículo 4, nos dice: y la paciencia produce— bueno, la paciencia prueba. ¿Qué es prueba? Porque aquí depende de cómo lo leas. En nuestro español hoy dirías: hemos vuelto para atrás, porque me has dicho que la tribulación produce paciencia y ahora la paciencia me vuelve a producir prueba, te prueba a ti.
Muy bien, muy bien. Otras versiones, no sé si alguno tiene otra que no sea la Reina-Valera del 60, pero otras versiones traducen esto como carácter probado. Es decir, que la paciencia, la perseverancia, la resistencia produce en nosotros carácter probado. Aquí se traduce como prueba porque en el español del año 60, cuando se escribió la Reina-Valera del 60, la prueba, en la palabra prueba no era solo el ser sometido a una prueba, sino como decir, dijéramos que tú ahora tienes una duda de algo en el trabajo y te dicen, esto habrá sido así, ¿no? Y alguien te dice, aquí tienes la prueba.
Este es el tipo de prueba del que estamos hablando, lo que ahora nos decía Raúl. Otras versiones, como os decía, es carácter probado. La palabra original en griego significa examinar y poner algo a prueba con el fin de determinar su autenticidad o genuinidad, especialmente mediante la experiencia y el uso real. Es decir, si volviésemos al hierro, ¿cómo puedo yo saber si un hierro ha sido templado, si un acero, perdón, ha sido templado, ha sido sometido a estas pruebas?
Le metes carga y si se dobla dirás, esto no es acero del bueno, este acero no es auténtico. Pero si te dicen que con esa prueba el acero puede resistir 1000 kilos y tú le pones 1000 kilos y aquello ni se mueve, eso ha producido la prueba, esa es la evidencia de que eso ha pasado. Entonces, ¿qué quiere decir esto en lo que estamos hablando? Que la tribulación produce en nosotros resistencia y la resistencia produce en nosotros un carácter probado. Un carácter probado quiere decir un carácter que ha sido puesto a prueba y ha demostrado ser genuino.
Y carácter no hablamos: mira, Miroslava es simpática, mi madre es más callada. No hablamos de este tipo de carácter, sino de la integridad de uno. Hablamos de lo interior de uno, de la veracidad de uno. Y lo que aquí nos está diciendo es que la prueba produce en nosotros perseverancia, resistencia. Y la resistencia, por resistir, lo que estamos demostrando es que hay un carácter probado, que hay una fe genuina, como ahora veremos.
¿Cómo se puede saber si la fe es genuina o no? Poniendo a prueba, poniendo a prueba. Así como el Señor nos dice que nuestras obras serán puestas a prueba bajo el fuego, y que dice que si es madera, que si es heno, que si es hojarasca, se va a quemar. Pero si ahí lo que hay son metales, oro, plata, piedras preciosas, eso resiste al fuego. Pues es lo mismo llevado a nuestro carácter.
¿Qué pasa cuando viene la prueba? ¿Cómo reacciono cuando viene la prueba? ¿Cómo sigo yo en medio de la prueba? ¿Y qué pasa al final de la prueba? Eso lo que hace es producir en mí paciencia, perseverancia, y eso demostrará mi carácter.
Mi carácter, vamos a ponerlo mejor, va a revelar la calidad de mi fe, va a revelar qué hay en mi interior, va a revelar si creo o no creo, si tengo esperanza o no tengo esperanza. Y sigue el capítulo, el versículo 4, perdón, dice: y la paciencia esperanza, y la esperanza no avergüenza, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones. Del carácter probado pasamos a la esperanza. Uno de los grandes obstáculos, si fuésemos al versículo 2, y no sé si os pasa, a mí me pasa, decimos: tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios. Pero no sé si os pasa, a mí me pasa, que a veces dices: oye, ¿y si me he creído un cuento?
Un cuento no de que la Biblia sea un cuento, sino de ¿Y si me he pensado que era algo que no era? ¿Y si llevo toda la vida pensando que soy cristiano y en realidad no lo soy? ¿Y si en realidad aquí lo que he encontrado es, oye, pues me gustaba la música, me gustaba estar con los hermanos, mira, me dejaban enseñar los viernes, me sentía realizado? Cada uno le pondrá las cosas con las que tal vez es probado, testeado, o con muchas veces duda. Creo que todos en algún momento de nuestra vida decimos ¿Seré cristiano?
¿Será mi fe verdadera? ¿Será? ¿Soy salvo? Y hay veces que, no por compararnos, y se nos hablaba el domingo de, creo que fue el domingo, ¿no? De Juan.
No, perdona, fue ayer, ¿no? Y perdona, ayer en la reunión con los hermanos de Cuba, Mati nos hablaba de de esto, cuando Pedro se quiere comparar con Juan. No sé ahora por qué había dicho esto de Juan, pero volviendo al tema del que estamos hablando, la prueba, el carácter probado, produce esperanza. ¿Por qué? Porque en medio de todas estas dudas que nosotros podemos tener. Ya sé por qué iba lo de Mati.
Muchas veces uno lee una biografía de un cristiano, a mi esposa le gusta mucho leer la vida de misioneros, pastores, gente que ha vivido en otros lugares y después han escrito la biografía, y cuando lees todo lo que han pasado, las vidas que han experimentado, tantas tribulaciones, tantas cosas duras, y ves cómo han glorificado a Dios, ves sus respuestas, ves su manera de vivir, dices: Si esto es fe, lo mío no sé qué es, porque yo veo un granito de arroz y me desmorono, y resulta que está aquí esta mujer encarcelada en medio de Japón, violada por no sé cuántos, y orando cada día, glorificando a Dios cada día, predicando el Evangelio en medio de esto, y digo, ostras, no sé si tenemos dioses diferentes, porque a mí no me da para tanto, ¿no?
Bueno, cuando vienen todas estas cosas es por lo que ahora vamos a poder ver la importancia de la esperanza, porque lo que es probado puede producir esperanza. ¿Por qué? Ya un poco os lo he dicho antes, pero una fe que ha sobrevivido al fuego, ha sobrevivido a la tribulación, ha sobrevivido a esta presión de la que estamos hablando, es evidencia de que es obra de Dios y no una profesión o una fe superficial. Si fuésemos a la parábola del sembrador, si os acordáis, en Marcos capítulo 4, hay una semilla que cae en terreno pedregoso, y que dice que cuando salieron las malas hierbas, los afanes de este mundo, las preocupaciones, todo esto ahogaron la semilla.
O que a veces también en otra, en otro evangelio que se nos habla de esta parábola, nos dice que esa persona tropieza y se aparta. Y esto lo hemos podido ver mucho en la Iglesia. Al final hay que esperar hasta el final de todo, no se puede decidir en un momento. Pero viene una prueba, o ves hermanos que dices, guau, qué fuego, y una discusión con la mujer, en el trabajo pasó no sé qué, en tal, y el Señor ha desaparecido. Hace 2 días parecía que era la gloria y ahora el Señor se ha esfumado.
Digo, hay que esperar hasta el final, porque a todos nos ha pasado esto, a todos nos ha caído una encima y hemos dicho, hasta aquí, me busco yo la vida, me intento arreglar yo la situación, me entonces hay que esperar hasta el final, pero podemos ver esto, que muchas veces, como nos dice la palabra, la parábola, vienen las zarzas, vienen los afanes de este mundo, las personas tropiezan y se apartan. La tribulación es precisamente lo que distingue la fe temporal de la fe verdadera. Así que cuando el creyente pasa por la tribulación y permanece, esa perseverancia muestra que no es terreno pedregoso, sino que la semilla tiene raíz y que esa raíz la ha puesto Dios, porque estamos firmes en esta gracia, tenemos paz para con Dios, y todo eso proviene de Dios.
Y ahora dirás: Esperanza, sí, la tribulación, por muy mala que nos parezca, la tribulación por muy devastadora que nos parezca, la tribulación por más que nadie la quiera, tiene muchas cosas buenas. Primero es que fortalece nuestra fe, y después es que nos permite a nosotros mismos, como Emi decía al principio, el autoconocimiento, nos permite a nosotros mismos probarnos y ver dónde está puesta nuestra fe.
Porque si la fe es de Dios, si la fe la ha puesto ahí Dios, el que empezó en vosotros la buena obra la perfeccionará hasta el día del fin. Si tú resistes la prueba, si tú resistes bajo presión, si tú aguantas, no digo esto perfectamente, aquí no hay nadie perfecto, aquí todos dudamos, aquí todos tropezamos, aquí todos caemos, pero hay que mirar a lo largo del tiempo. Si tú resistes, si tú soportas, si tú aguantas, si tú sales victorioso, eso es una prueba de que tu fe es de Dios, y por eso dice que produce en nosotros esperanza. Esperanza de que soy de Dios, esperanza de que soy del pueblo de Dios, esperanza de que Dios me ha salvado, esperanza de que esta fe no es mía y que no es falsa, sino que es una fe genuina. Y si no fuese por las pruebas, esto no lo sabríamos.
¿Cómo tú puedes saber si la lección que estudiaste en la universidad te la sabías o no? El día del examen. El día del examen será puesto a prueba tu conocimiento. Y se te dirá: ¿Lo sabías o no lo sabías? ¿Has aprobado o no has aprobado?
¿Cómo puedes ser ingeniero? Aprobando todos los exámenes, y entonces te dan el título. Y las pruebas, las tribulaciones, son este examen que te dan a entender a ti, que te hacen saber a ti si verdaderamente eres o no eres. Y por esto hay que dar gracias a Dios, y por esto nos podemos gloriar en medio de las tribulaciones. Aparte de muchas otras cosas, este no es el único motivo, pero uno de los motivos más importantes es que las tribulaciones nos permiten a nosotros saber dónde estamos parados, dónde estamos parados.
Si en medio de la tribulación yo lo que hago es quejarme, amargarme, resentirme, y así voy siempre— no te digo que en los primeros días estés ahí batallando con eso, sino de que, oye, hermano, llevas un año y medio así. Es momento de examinar nuestra fe. Y lo que la prueba, la tribulación, la presión ha revelado es que tal vez no estás tan firme como te pensabas, que tal vez tu fe no está anclada donde debería estar. Porque la evidencia la tenemos en la palabra, y la palabra nos llama y nos da el mandamiento de gloriarnos en nuestras tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce pam pam pam.
Y aún si el resultado de la prueba es suspenso, aún en eso pienso que una persona temerosa tendría que poder dar gracias a Dios, porque te han dicho: no estás donde te crees que estás y estás a tiempo de cambiar.
Porque lo malo sería que no se te diga nada, que nunca seas sometido a prueba ni examen, y que cuando llegues al cielo o cuando llegues al juicio te digan: Lo siento, aquí no te conocemos. Lo siento, el examen lo has suspendido. Lo siento, tu fe no era verdadera. Tú dirías: hombre, ¿esto no me lo podríais haber dicho abajo en la tierra? Pues sí, por medio de las pruebas, por medio de las tribulaciones.
La Esperanza en las Pruebas
Y por eso nos dice que la esperanza no avergüenza, porque si la prueba ha producido en ti esperanza, es decir, que has podido comprobar que tu fe es genuina, que tu fe es verdadera, que tu fe ha sido puesta a prueba en fuego y ha resistido, tienes esperanza, y esa esperanza no avergüenza. ¿Por qué? Porque mirando al futuro, mirando a la gloria, mirando, podríamos hablar ya más de manera escatológica, en lo que vendrá, tú aquí ya tienes la certeza de que eres hijo de Dios, de que eres creyente, de que verdaderamente tu fe estaba anclada en Cristo donde debía estar anclada. No sé si me estoy explicando. Sí, la prueba te da la nota del examen aquí en la tierra, hermano.
Será un 5 raspado, será un 6 y medio, en algunas pruebas habrás sacado un excelente, pero tienes el comprobante físico de decir, oye, si miro ahora atrás y digo, oye, cuando me pasó esto en casa, ¿qué hice? ¿Cómo salí? Victorioso. Cuando me quedé sin trabajo, cuando me quedé tal, ¿cómo salimos? Victoriosos.
Cuando pasó todo aquello, ¿dudé y lo abandoné todo o me anclé a Cristo aún en mi imperfección? Me anclé a Cristo. Ahí tienes el comprobante de decir: aquí hay esperanza. Y esa esperanza, en el día que vendrá, no te avergonzará, porque esa fe ha sido puesta a prueba, esa fe ha sido demostrada ser pura, auténtica, real. Y con eso tendrás las puertas abiertas.
¿Y qué hora es? Y 22. Y al otro lo dejaremos, pues el tema de que la esperanza no avergüenza porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones. Y esto es parte también de esto, las pruebas también son una muestra del amor de Dios para con nosotros, porque ¿qué padre bueno permitiría que su hijo nunca sepa lo que verdaderamente es? ¿Qué padre le permitiría a su hijo vivir engañado toda una vida?
¿Me entendéis lo que os quiero decir? El Señor, aún en estar nosotros en las tribulaciones, nos muestra su amor porque nos permite comprobar y saber si nuestra fe es verdadera o no. Y si fuésemos al capítulo 4 de Romanos, en cuanto a Abraham, y en esto podemos llevarlo a nuestra vida. Abraham, yo entiendo que cuando se le dio la promesa el primer día, creyó. Y en aquel día, a las primeras horas, entre comillas, es fácil creer.
Hombre, se te ha aparecido Dios, te ha hablado Dios, lo has escuchado, no sabemos si audiblemente o no, has visto el fuego pasar, has visto señales. En ese momento tu fe está ahí firme como una roca, pero cuando van pasando los días, cuando van pasando los meses y ves que no llega la promesa, y ves que la has liado, y ves que te has equivocado, y ves que has tropezado, y ves que no llega, y el Señor te vuelve a hablar, pero tú dices: pero oye, ¿y todo esto dónde está? ¿Qué me heredará el esclavo? ¿Qué me heredará Ismael?
Y al final de ser puesta a prueba una y otra vez, una y otra vez, la esperanza de Abraham, la fe de Abraham, ¿diríais que la fe de Abraham era más fuerte o firme, si así se puede decir, que al inicio o no?
Al final fue más firme o no la fe. Sí, porque esa fe fue puesta a prueba.
Sí, así es, esperar, perseverar, ver que aún no, pero continúo, ver que aquí sigue la presión. Porque en Abraham, ¿qué era esta presión? Otro día más, la vejez. Más joven no se volvía, más arrugas tenía cada vez en la cara. No sé si tenía espejo para vérselas, pero bueno, en el reflejo del agua se debía poder ver.
La mujer. Él dice que su cuerpo aún era como muerto. Yo creo que él, como todo hombre, podía saber si allá abajo la cosa funcionaba o no funcionaba. Y esto, ¿cómo va a ocurrir? Y esto, ¿qué va a pasar?
Y él dice que viendo todo lo que le rodeaba, es decir, como ya vimos en aquel capítulo, él no se engañó en cuanto a su realidad. Él no se inventó una realidad inexistente, él se dio cuenta que su cuerpo y el de su mujer estaban como muertos, pero en eso se fortaleció en fe, en eso dio gloria a Dios, en eso creyó en esperanza contra esperanza, y eso es lo que el Señor nos llama a hacer para nuestras pruebas, y sé que aquí todos pasamos pruebas, algunas se ven y las conocemos, otras no, pero todos pasamos pruebas, todos estamos sometidos a presión, y nuestra fe está puesta a presión. Y esto es lo que os quiero dejar: que ahora sabemos lo que producen las pruebas.
Piensa hoy por la noche antes de irte a dormir, mañana cuando te levantes, cuando vienen los pájaros a atormentarte sobre tu cabeza, con todo lo que hemos dicho al principio. ¿Qué pasa cuando viene la prueba?
Agobio, miedo, ira, frustración, y todas esas palabras y sentimientos que tantas veces experimentamos cuando esos pájaros turbios y negros vuelan sobre nuestra cabeza. Para y piensa en esto, y di como Abraham: todo esto es real, todo esto es verdad, mi situación es la que es, pero yo me voy a fortalecer en fe. Yo voy a clamar en fe, aún como el padre del muchacho endemoniado que se nos leía el martes en la oración por boca de Cata: creo, pero Señor, ayuda mi incredulidad, no dejes que me queje, no dejes que me frustre, no dejes que me domine la ira, no dejes que me abata, por favor. Una de las oraciones que hago por las mañanas cuando me levanto es: Señor, ayúdame hoy a sujetar mi carácter a ti, a sujetar mis emociones a ti.
Que el primer vaivén que viene del día por el trabajo, por la relación matrimonial, por lo que sea, todos lo sabéis, que esto no me lleve como un viento y ya se me fue el día.
Ayúdame a sujetar. Y la gracia de Dios está ahí, no porque lo hagas perfecto, pero ya el simplemente hecho de empezar el día, creo yo al menos, esta es mi presuposición, de decir: soy consciente de mi debilidad, soy consciente que soy volátil y lo quiero traer a tus pies, ya me ayuda a que cuando viene este vaivén, este viento que sopla, ese coche que se te cruza, ese compañero del trabajo que— ¿Qué hora ha dado esta mañana? Que me ayudes. Ayúdame, y yo me quiero ayudar a mí mismo. Para, frena, fortalécete en fe.
Esta prueba puesta, esta tribulación, va a producir en mí resistencia, esperanza, paciencia, y al final la esperanza. Con esto terminamos. No sé si tenéis alguna pregunta o comentario o algo que queráis comentar.