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Introducción
No se olviden de poner los móviles en silencio. Vamos buscando en Hebreos capítulo 2, siguiendo un poco el tema del domingo pasado. Hebreos 2:1 al 18, lo vamos a leer todo, no lo vamos a tocar todo.
Hebreos 2, del 1 al 8.
La Diligencia en la Fe
2, del 1 al 8. Les va a sonar también la primera palabra en relación a lo que también escuchamos un poco el viernes. Dice: Por tanto, es necesario que con más diligencia atendamos a las cosas que hemos oído, no sea que nos deslicemos. Porque si la palabra dicha por medio de los ángeles fue firme, y toda transgresión y desobediencia recibió justa retribución, ¿cómo escaparemos nosotros si descuidamos una salvación tan grande, la cual habiendo sido anunciada primeramente por el Señor, nos fue confirmada por los que oyeron, testificando Dios juntamente con ellos, con señales y prodigios y diversos milagros y repartimientos del Espíritu Santo según su voluntad. Porque no sujetó a los ángeles el mundo venidero, acerca del cual estamos hablando.
Pero alguien testificó en cierto lugar, diciendo: ¿Qué es el hombre para que te acuerdes de él, o el hijo del hombre para que le visites?
Le hiciste un poco menor que los ángeles, le coronaste de gloria y de honra, y le pusiste sobre las obras de tus manos. Todo lo sujetaste bajo sus pies. Porque en cuanto le sujetó todas las cosas, nada dejó que no sea sujeto a él. Pero todavía no vemos que todas las cosas le sean sujetas, estamos hablando del hombre. Pero vemos a aquel que fue hecho un poco menor que los ángeles, a Jesús, coronado de gloria y honra a causa del padecimiento de la muerte, para que por la gracia de Dios gustase la muerte por todos.
Porque convenía a aquel por cuya causa son todas las cosas y por quien todas las cosas subsisten, que habiendo de llevar muchos hijos a la gloria, perfeccionase por aflicciones al autor de la salvación de ellos. Porque el que santifica y los que son santificados, de uno son todos. Por lo cual no se avergüenza de llamarlos hermanos, diciendo: Anunciaré a mis hermanos tu nombre; en medio de la congregación te alabaré. Y otra vez: Yo confiaré en él. Y de nuevo: He aquí, yo y los hijos que Dios me dio.
Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, Él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo, y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre. Porque ciertamente no socorrió a los ángeles, sino que socorrió a la descendencia de Abraham. Por lo cual debía ser en todo semejante a sus hermanos, para venir a ser misericordioso y fiel sumo sacerdote en lo que a Dios se refiere, para expiar los pecados del pueblo. Pues en cuanto él mismo padeció siendo tentado, es poderoso para socorrer a los que son tentados.
Este último versículo fue el primer versículo que me pegué en el armario, cuando conocí al Señor, saqué todas las motos que había pegadas ahí, porque me gustaban mucho las motos, y puse este versículo.
Y les leí todo esto porque vamos a tratar la primera parte, quizás el primer versículo hoy, pero todo lo que sigue después es la garantía de ese primer versículo. Es la fortaleza, es el sustento, es donde se apoya lo que ese primer versículo nos pide. Y no nos está hablando como hombres, sino que nos está hablando como hijos, como participantes del poder de la naturaleza de Jesucristo. Y nos está hablando como el objetivo de su deseo, de su amor, de su bondad, de su propósito. Y nos está diciendo que el Señor quiso que nosotros entendamos de tal manera que Él tiene la capacidad de hacer esto en nosotros, que se hizo como nosotros, para que nuestros ojos no estén puestos en lo que nosotros podemos hacer, sino en lo que Él hizo por nosotros.
Cuando Él nos dice que padeció siendo tentado y es poderoso para socorrer a los que son tentados, no se está simplemente identificando con nuestro pecado y diciendo: Bueno, no pasa nada, yo te entiendo. Es que Dios ve mi corazón. No sirve de nada simplemente que Dios se identifique con nuestra debilidad, sino que aquí nos está diciendo de que aunque tú eres débil, él es poderoso para hacer lo que él nos va a pedir en esta mañana. Y vamos a ver este por tanto. Los que estuvieron el viernes pudimos escuchar qué significa.
Es como consecuencia o a raíz de. Es un nexo que une lo que él va a decir con lo que habíamos visto en el capítulo 1. ¿Y qué es lo que vimos en el capítulo 1? Que el Señor nos habló por sus profetas, pero que le interesó tanto a él que nosotros le conozcamos, que nos envió a su hijo Jesucristo.
Y en él están todas las verdades que nosotros necesitamos para poder vivir bien.
Desde la primera descripción que se hace de él en Génesis, cuando el hombre cae y es cubierto por el Señor y le dice: no te escondas, yo te voy a cubrir, ¿dónde estás? Hasta la última revelación de él viniéndonos a buscar y en su gracia haciéndonos partícipes de su vida, de su gloria, de su amor. Y no solamente, como escuchamos este viernes, poder ver al Señor cara a cara, sino tener la satisfacción de poder ser como él es, libre de todas estas cosas que nos atan en esta tierra y que nos hacen caer constantemente. Y como se leía mientras compartíamos la Santa Cena. Esta es nuestra esperanza, Carlitos, ¿no?
Tenemos una esperanza. ¿Tienes una esperanza? ¿Tienes o no?
Sí. Pero hoy vamos a entender para qué nos sirve esa esperanza, porque dice que el que tiene esta esperanza se purifica a sí mismo.
Hay un nexo de unión entre la esperanza que el Señor nos da, entre lo que Dios nos ha dicho, Elina, y lo que nosotros tenemos que hacer. Es una respuesta a lo que Dios ha hecho por nosotros. Cuando yo llegué a esta casa, una de las cosas con las que el Señor trató primeramente conmigo era algo que me habían enseñado en otra iglesia. Y que se vive mucho en la cultura argentina. Y me dijo una vez un pastor, yo trabajaba para la iglesia en un periódico que tenían allí, tenía 16 años, 17, recién me había convertido, pero bueno, estaba con todo este deseo del Señor.
Y fui a hablar con los pastores por algo que había pasado. Yo había tenido un accidente de trabajo, me habían dejado tirado, me había roto el pie. Y ahí estaba en la iglesia escuchando a los predicadores, disfrutando incluso del tiempo que el Señor me estaba dando más allá de lo que había sucedido. Y cuando fui a hablar con este pastor, él me dijo: mira, Matías, la iglesia es una cosa y el trabajo es otra.
Y él me estaba diciendo realmente lo que él creía.
Había una división en su vida. Para él, la iglesia era una cosa y el trabajo era otra. En la iglesia se comportaba de una manera y en la calle o en el trabajo se comportaba de otra. En la iglesia había una exigencia, había una demanda, había un ambiente, había un sentir, un sentimiento. Pero cuando salía de la iglesia todo eso parecía no servirle.
Y una de las cosas que aprendí aquí en la casa bíblica, porque nosotros estudiamos allí y estudiamos muy bien, nos sacamos buenas notas, pero después teníamos aquí un taller y ahí salían todas las malas notas.
Y me enseñaron en esta casa que no puede ser posible que el hombre viva dos vidas.
Si nosotros creemos realmente en algo, eso se va a ir manifestando. No se tiene que manifestar porque se va a ir manifestando, porque no es una acción que pasa de la noche a la mañana, pero es un camino que tenemos que caminar. Y este, por tanto, nos habla de esto, nos habla de la coherencia en la vida cristiana. Algo que hoy ni siquiera se piensa en iglesia.
Nosotros pensamos que en todas las promesas que hay del Señor, y las repetimos y seguramente las creemos, pero no sabemos qué alcance tiene eso para mi vida.
Porque yo le puedo decir, como muchas personas y como muchas veces he dicho, bueno, Tú me has dicho: tú y tu casa serán salvos. Sí, es verdad, es una verdad. Y el Señor también dice que él ha venido aquí, que no hay condenación, y ha venido aquí para salvarnos. ¿Dice o no? Pero una cosa es que Dios diga que él ha venido a esta tierra para salvarnos, y otra cosa es que tú seas salvo.
Son dos cosas diferentes.
¿Por qué es diferente, Rebeca? Porque, por tanto, es necesario... Lo primero no puede ser sin esto que el Señor nos va a enseñar por medio de esta persona que él guió para que escriba esta escritura y para que nos hable de la coherencia de nuestra vida. El Señor, dice el capítulo 1, nos ha hablado por medio de los profetas, pero también nos ha hablado por medio de su Hijo. Y le ha interesado tanto que le escuchemos que lo ha llevado a una cruz para que nuestros ojos sean abiertos, para que nuestro corazón se transforme de piedra a carne y para que le podamos escuchar y nuestras vidas puedan ser transformadas.
Y por tanto, si nosotros creemos que el Señor quiere que le conozcamos, si el Señor se ha revelado, si el Señor nos ha manifestado en su palabra y nos ha dejado su Espíritu Santo, para que la aplique en nuestros corazones. Y nosotros creemos esto. ¿Tú lo crees, Fer? ¿Crees que el Señor habla hoy?
¿Crees que el Señor habla a vuestros corazones?
¿Crees que es poderoso para hacer todo lo que él dice en su palabra, en nuestra casa, en nuestra familia, en nuestros trabajos, en nuestras vidas?
La Necesidad de la Atención
Pues dice: por tanto, si esto es verdad, si es verdad que creemos en esto, es necesario que con más diligencia atendamos a las cosas que hemos oído, no sea que nos deslicemos.
Si eso es verdad, no basta con un simple sentimiento: es que lo siento, como decía Efraín, lo declaro, lo percibo. Es necesario, es necesario. No lo digo yo, mi hermano, y si quieres me puedes apedrear hoy, pero aunque tú me apedrees a mí, esto va a seguir siendo verdad.
Esto va a ser una verdad ineludible, no te la vas a poder saltar, no la vas a poder esquivar, porque Dios ha establecido una vida coherente para nosotros. La verdad de Dios es una verdad, ¿no, Yeisel? Coherente.
No es que Dios tiene que darnos explicaciones, sino que todo lo que él hace está hecho con sabiduría, con una dirección, con un propósito. Cuando él dice que el hombre es cabeza del hogar y la mujer es su ayuda idónea, no te quiere tocar las narices, ni es machista, ni es feminista. Él ha hecho las cosas de una manera sabia.
Y como él es Dios y nosotros no lo somos, ¿no, Cata? Es necesario que con más diligencia atendamos las cosas que hemos oído, no sea que nos deslicemos.
No es una recriminación. Mi deseo hoy no es que te sientas mal.
Ni sacarte quizás el último palo o bastón que está sosteniendo tu fe, sino que entiendas la situación en la que estás y lo que Dios está pidiendo de ti, para que quizás, como hablamos el domingo pasado, dejes de luchar contra Dios y te decidas a ponerte en sus manos. Dice Tomás de Kempis: nuestra capacidad de mejorar depende directamente de la fuerza de nuestro propósito, de nuestra voluntad, de nuestro querer, de nuestro deseo.
Quien de verdad desee progresar debe esforzarse con mucha diligencia. Si incluso la persona que se hace un firme propósito falla con frecuencia— cuando salga de aquí voy a orar, voy a leer— si incluso aquel que se lo propone con un deseo verdadero y quiere amar a Dios y quiere servir a Dios, como lo decía Pedro: yo no te voy a abandonar. Él pensaba que era así. Si incluso esa persona que se propone, que lo quiere, que lo hace con verdadero deseo y no con hipocresía, falla, ¿qué le espera a quien casi nunca o jamás se plantea ningún propósito?
¿Qué nos espera si nosotros esperamos que Dios haga cosas sin nosotros tener la intención de querer hacer nada?
La oración, por ejemplo, es una muestra de esto. La oración no depende solamente de lo que nosotros le pedimos al Señor, sino de la coherencia que acompaña después esa petición.
A nosotros muchas veces nos enseñaron: no pidas paciencia porque si no, esto no está bien.
O tú no quieres ser paciente. Pues si quieres ser paciente, tienes que estar dispuesto a que Dios haga todo lo que tiene que hacer, no dejar de pedírselo. Porque tú necesitas la paciencia, porque teniendo paciencia vas a heredar las promesas del Señor.
Entonces no se trata de lo que tengas que dejar de pedir, sino que seas coherente con lo que pides. Señor, dame más de ti. Y el Señor viene, te trae una prueba, te pone esto, te pone lo otro, y nosotros nos ponemos a batallar contra aquello que hemos pedido al Señor. Auméntanos la fe. Y el Señor, ¿sabes lo que hace?
Te saca todos los palos en donde tú te apoyas.
¿Se lo has pedido tú?
El Señor no es incoherente, y él nos dice en 2ª Timoteo 2:6, es uno de los versículos que más me repito diariamente porque tengo la tendencia a la pereza, al abandono, al placer, al me he merecido un descanso. Y generalmente sucede esto. Generalmente los domingos o los lunes son los días que más caemos, porque nos relajamos. Como hemos ido al culto, hemos escuchado la palabra, o hemos predicado, nos relajamos y ¡pamba!
Nos deslizamos. Dice 2ª Timoteo 2:6, tomando un principio que el Señor le da a Caín. Imagínate, lo que él amaba a Caín. Y le dice: Caín, si hicieres lo bueno, ¿no serás aceptado?
Nosotros queremos la recompensa a veces, pero no hacer lo bueno, ¿no? Pero no puede ser, mi hermano. Dice: el labrador, para participar de los frutos, tiene que trabajar primero.
La vida cristiana no es una vida casual, tampoco es una vida que premia al diligente simplemente, ¿no? Porque esto también lo dice un escritor que nos habla de la noche oscura del alma, y él dice a los principiantes, ¿no? Que tienen esa disposición de orar, de hacer, que tienen esa diligencia, y les dice: está bien que seas diligente, pero te estás volviendo orgulloso, estás poniendo tu confianza en tu diligencia, en lo que tú puedas hacer. No estoy hablando de que confiemos en lo que nosotros podemos hacer. Por eso les decía antes el contexto de Hebreos 2, que confiemos en lo que Dios ha hecho por nosotros.
Y claro que todas esas cosas están en el Señor, pero el reino de los cielos es de los valientes. No de los perezosos, de los que arrebatan. Y el Señor no te va a decir: ay, qué fuerza, qué fortaleza. De los que quieren, de los que tienen hambre, de los que buscan, de los que le creen al Señor, de los que no solamente le dicen bienaventurados los pechos, bienaventurada la madre que te trajo a este mundo, sino que guardan sus mandamientos, porque saben que así les va a ir bien.
La Diligencia y la Coherencia
Por tanto, es necesario, es necesario que con más diligencia atendamos a las cosas que hemos oído, no sea que nos deslicemos. Ahora, ¿tú quieres que, porque quizás te ves incapaz o ves que esto es algo imposible para ti, ¿Quieres que el Señor te diga otra cosa?
Pues te voy a decir lo que dice Moody: no dejes que ningún hombre o mujer piense que lo único que tiene que hacer es formar parte de una iglesia.
Eso no te salvará. La pregunta es: ¿Estás venciendo al mundo o el mundo te está venciendo?
¿Tienes más paciencia de la que tenías hace 5 años? ¿Eres más afable? Si no lo eres, el mundo te está venciendo, aún si eres miembro de una iglesia. Mis hermanos, este es el evangelio que nosotros tenemos que predicar.
No el evangelio que se fortalece en la capacidad del ser humano, pero un evangelio responsable, un evangelio coherente basado no en tu fortaleza sino en lo que Dios promete. Por tanto, es necesario que con más diligencia atendamos a las cosas que hemos oído, no sea que nos deslicemos. Y este, por tanto, como decía antes, es lo que nos une a esta imagen, a esta verdad que vemos en el Señor, de su persona, de su carácter, de su manera de ser, de su manera de tratar las circunstancias, de tratar a los demás.
Juan, en el capítulo 1, se maravilla de esta revelación.
Lo que hemos visto, lo que hemos oído, lo que han visto nuestros ojos, lo que han tocado nuestras manos, es que es impresionante, dice él, el ejemplo y la dirección y la claridad que encontramos en la vida del Señor Jesús.
Por tanto, No solamente nos dice que es algo que nos recuerda lo anterior, sino que fluye como un manantial. Si esto es verdad, lo otro tiene que venir.
Es una realidad, es algo que tiene que suceder.
John Owen dice: por tanto, esta palabra Es el conector que denota la inferencia lógica o deducción que el apóstol hace de lo que ha tratado inmediatamente antes. Dado que el Hijo tiene una excelencia y dignidad tan infinita por encima de los ángeles, y dado que la revelación traída por él es de tal gloria divina, se sigue necesariamente que debemos prestar la más diligente atención a las palabras declaradas por él.
¿Escucharon la expresión: a este tiene que bajar un ángel para decírselo? ¿Escucharon esa expresión? Pues Hebreos 1 nos dice que no ha bajado un ángel, que el Señor nos ha hablado por su Hijo, y que lo que él nos enseña y lo que él nos dice tiene tal seriedad Que tu vida, tu bienestar, depende de esto, depende de este momento, depende de la lectura de la palabra, depende de la oración, depende de la diligencia, el interés que tú pongas en todas estas cosas. No depende solamente de Dios, porque su disposición ya está.
Pero como decía y nos recordaba el otro día el pastor José Mari, aparte de estar Dispuestos, tenemos que estar disponibles. Decía un pastor: ¿Sabéis por qué tenemos un día en el cual nos reunimos? ¿Sabéis por qué hay una hora y un lugar? ¿Sabéis por qué nosotros entendemos que es el domingo? ¿Sabéis por qué hay un día?
Porque si no, lo dejaríamos de hacer. Encontraríamos mil pretextos, mil circunstancias que dejarían que nosotros nos descuidemos o permitirían que nosotros nos descuidemos y no seamos fieles. Por eso el Señor estableció estas cosas, para que nosotros sepamos dónde tenemos que estar y sepamos lo que tenemos que hacer. Por lo tanto, es necesario.
Comer es necesario, ¿no?
Es una necesidad, se dice, fisiológica. El cuerpo necesita, si no te mueres. Pues esta necesidad de la que nos habla es necesario, es una necesidad lógica y una necesidad moral.
Cuando dice aquí es necesario, está diciendo que no puede ser de otra manera. Es lógico que suceda esto Si nosotros tenemos un pensamiento correcto de lo que Dios es, tiene que suceder esto. Es necesario. Lógicamente tiene que suceder. Y moralmente, o sea, si esto no sucede, estamos yendo en contra de nuestra propia conciencia, de nosotros mismos y de nuestro propio bienestar.
Nos estamos mintiendo.
Es necesario, si tenemos en estima al Señor, tener en estima lo que él nos dice y lo que él nos pide.
Una cosa no puede ser sin la otra. Lo encontramos en un ejemplo, por ejemplo, Mateo 7:18 nos dice: no puede el buen árbol dar malos frutos. Ni el árbol malo dar buenos frutos. No puede. Es necesario, es lógicamente correcto que un árbol malo dé frutos malos y un árbol bueno dé frutos buenos.
Es necesario, es lógico que tú, que yo, si queremos avanzar en el Señor, seamos más diligentes, en las cosas que estamos escuchando. Prestemos atención porque si no vamos a caer.
Aquí está la clave de la verdadera vida cristiana, de lo que realmente sucede. Yo sé que sucede porque hemos avanzado y sabemos que esto es así, ¿no? Pero te lo quiero recordar.
Que las cosas no van a pasar si nosotros no nos ocupamos de ellas. Es necesario, es lógico que Dios nos pida esto.
Si no, como les decía una vez, esto es un juego.
Y un juego, como les ponía el ejemplo, no sé si recuerdan, es como un partido de fútbol, ¿no? Donde uno va a un partido, grita, se emociona, su equipo ha ganado y parece que todo es diferente, ¿no? Su vida. Pero cuando sale de ahí sigue siendo el mismo. ¿Por qué?
Porque es un juego.
Tú te puedes enojar con los españoles, los argentinos, pero al final no te va a cambiar la vida. Es un juego.
Y muchas veces se quiere predicar esto en la iglesia, o nosotros queremos que se nos predique también esto, sentirnos bien, que se nos consuele, venir aquí a jugar y poder seguir viviendo de una manera desordenada nuestras casas, nuestra vida. Esto no puede ser, mi hermano.
No puede ser que el árbol bueno dé frutos malos. Es incompatible, es incoherente.
Es necesario que con más diligencia. La diligencia no es solamente hacer, no, porque uno puede ser diligente en su carácter también, no. Uno no le dicen nada y ya está, y a veces hacemos más de lo que se nos dice, no. Pero la diligencia aquí, la palabra que cuando nos habla de diligencia, nos está hablando de un deseo profundo.
Podríamos decir de un hambre, de un verdadero interés, de una disposición. Diligencia es esto, es: estoy dispuesto y estoy disponible. Como le dijo Saulo al Señor: ¿Qué quieres que yo haga? ¿Y qué hizo Saulo? Lo que Dios le dijo.
Y lo tuvieron que llevar de la mano y le tuvieron que decir lo que él ya sabía, y enseñarle y dirigirlo.
Esto es diligencia, es lo contrario a desinterés. A negligencia, a desidia, a pereza. No es suficiente un deseo profundo.
Tiene que haber diligencia en nuestra vida cristiana, preocupación, lo que puedas. Como hizo Asaf, él dijo: Señor, no entiendo nada, pero una cosa es lo que puedo hacer, no voy a hablar mal de ti. Y no lo hizo. Hizo todo lo que podía hacer, pero hubo diligencia en él para honrar al Señor sin entender lo que le estaba sucediendo. Dice el Proverbio 13:4: El alma del perezoso desea y nada alcanza, mas el alma de los diligentes será prosperada.
Desea, pero no alcanza. Y aquí no está hablando del dinero, está hablando del alma.
No basta con desear, no basta solo con decir.
Tiene que haber una disposición, un lugar, un momento, una atención, desde el corazón. Fíjense, le voy a pedir, le voy a poner otro ejemplo de diligencia, y es Noé. E hizo Noé conforme a todo lo que le mandó Jehová.
Esto es diligencia.
Habla, que tu siervo oye.
Y Hebreos 11:7 dice: Por la fe Noé, cuando fue advertido, cuando fue advertido por Dios acerca de las cosas que aún no se veían. ¿Saben quién fue advertido también? David, por ejemplo.
En el tiempo que tenían que ir los reyes a la guerra, él no fue.
No prestó atención y al final cayó. Cuando fue advertido por Dios acerca de las cosas que aún no se veían, como nos sucede a nosotros, el Señor nos dice: por aquí no, por aquí no, deja estar con esto, deja estar con otro. Pero como yo no lo veo todavía, pues no soy diligente. Pero Noé fue advertido de las cosas que aún no se veían, que él no era consciente, que no. Y con temor preparó el arca en que su casa se salvase.
Y por esa fe— poned en silencio los móviles, por favor— y por esa fe condenó al mundo y fue hecho heredero de la justicia que viene por la fe. Esto es diligencia.
No es solamente hacer, sino es tomar en cuenta la advertencia que se me está dando y actuar en consecuencia. ¿Se entiende?
Esto es diligencia. Y por eso dice que tenemos que ser diligentes en qué, Jona, en atender las cosas que hemos oído.
¿Dónde tiene que estar la diligencia, Héctor? En la atención.
Cuando no hay una acción es porque no hay una atención.
Yo soy así, a veces pum, se me va el wifi, desconecto, y los demás me dicen: Mati, ¿qué hacemos? Ah, sí, sí. Me fui. Y aunque yo estoy con los ojos así, mi mente está volando. Atención no es solamente mirar.
Atención es tener en cuenta, llevártelo para casa, que esté en tu mente, en tu corazón, que eso rumie. Eso es atención. No es solamente que ahora aquí estés así, porque tú puedes estar así y por adentro una siesta pero terriblemente tremenda.
¿Escucharon alguna vez la palabra Shemá?
O Shema, o Shemá. ¿Sí? ¿Qué es, Efraín, la palabra Shemá? Oye.
Oye, yo digo Shemá porque pone el acento en la A, pero no sé si se pronuncia así, ¿no? Pero bueno, Shema o Shemá significa oye.
Esta palabra era un fundamento para los judíos, y el Señor dice oye.
Muchos creen que es el fundamento, los mandamientos. Y es verdad, el Señor le da su ley, le da los mandamientos, pero le dice: Shema o Shemá, oye.
Como también Samuel: Habla, que tu siervo oye.
Shema o Shemá, como queráis decirlo, tenemos libertad porque no sabemos hablar hebreo.
No es una expresión casual del Señor, sino que es donde va a sustentar todo lo que él va a decir. Nosotros a veces oír lo asociamos simplemente al español, ¿no? Que es me llegó un sonido y te he escuchado. Sí, pero aunque te he escuchado, no te he Shemá, no te he Shemá, porque saben lo que estaba unido a este oír que dice: Oye. Oír no era solamente oír, sino que a ese oír se le añadía la obediencia.
Cuando el Señor le dice: Oye, Israel, le está diciendo: Oye y haz.
Esto es atención. Es oír con la disposición de querer hacer. De querer tener en cuenta lo que Dios me está diciendo, lo que el otro me está diciendo. Esto es atención. Aquí hay algo que me puede servir, aquí hay algo que es verdad, aquí hay algo que yo no veo, pero que me lo estás diciendo tú, Señor, como Noé.
Oye, nosotros muchas veces escuchamos, pero sin la necesidad de tener que obedecer. Consideramos lo que se nos dice, pero elegimos el mismo camino que antes. Y esto no es oye, esto es el oír español, que ya te he escuchado, pero no hay disposición de obedecer. Esto le pasó a Jonás.
El Señor le habló de muchas formas, de muchas maneras, de muchas circunstancias, pero él al final de esta circunstancia que él vive, el Señor le dice: ¿Haces bien en enojarte tanto?
Y él tendría que haber dicho: No, Señor, ¿no ves cómo me ha ido todo?
No estaba escuchando, no estaba en su corazón la disposición de hacer lo que Dios le estaba diciendo.
Y también tenemos el ejemplo de Saúl, por no decirte un montón de ejemplos, por no hablarte de los ejemplos que podemos encontrar en nuestra propia vida.
Dice 1 Samuel 15:19: Samuel reprendiendo a Saúl porque el Señor le había dicho que aniquile todo el pueblo, y él deja lo mejor de las vacas, deja al rey.
Y Samuel le dice: ¿Por qué no has oído la voz de Jehová?
Sino que vuelto sobre el botín has hecho lo malo ante los ojos de Jehová. ¿Veis esta unión?
Por no ser diligente en escuchar, has hecho lo malo.
Versículo 22: Y Samuel dijo: ¿No se complace Jehová tanto en los holocaustos y víctimas, como en que se obedezca a las palabras de Jehová. Porque Saúl decía: todo esto lo he guardado para darle un sacrificio al Señor. ¿Quién te lo ha pedido? ¿No has escuchado?
¿No has tenido en cuenta la sabiduría del Señor? ¿No has tenido en cuenta lo que Dios dice de ti y de él?
Y como no has tenido en cuenta lo que Dios dice de ti y de él, como le pasó a David, Te has deslizado.
Señor, contra ti he pecado. ¿Por qué? Para que se te tenga justo en tus juicios y en tus dichos.
David no había considerado lo que Dios le estaba diciendo: cuidado, David, cuidado lo que estás dejando entrar en tu corazón. Y entonces, y él reconoció que los dichos de Jehová son justos, son sabios, y si nos lo dice es por algo.
Y Samuel dijo: ¿Se complace Jehová tanto en los holocaustos y víctimas como en que se obedezca la palabra de Jehová? Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios.
Y el prestar atención que la grosura de los carneros, tiene que bajar un ángel para decírtelo.
Ya ha bajado el Señor, mi hermano, y te ha dicho que engañoso es tu corazón más que todas las cosas, y tú sigues poniendo tu confianza en él.
El prestar atención más que las grosuras de los carneros. ¿Y por qué el Señor nos dice todo esto? ¿Por qué el Señor nos habla de esta manera?
Advertencias y Reflexiones Finales
De que es necesario que con diligencia atendamos a lo que se nos está diciendo. ¿Por qué se nos habla de esta manera? No sea que nos deslicemos.
Y uno dice: Caí. Pero el Señor dice: Te has deslizado. ¿Saben lo que significa esta palabra deslizarse? No es resbalarse. ¿Saben lo que significa?
Es cuando ponían un barco en el puerto, en el agua, y no lo anclaban.
No tiraban el ancla o no tiraban las suficientemente anclas que necesitaba el barco. Entonces, ¿la corriente qué hacía? Pam, pam, pam, pam, pam, pam, pam, pam, pam, pam. Se lo iba llevando.
Y al no tener referencia, al no ver la tierra, no sabía si estaba más lejos, más cerca, y al final Había naufragado, estaba perdido. De esto se nos está hablando, para que no nos deslicemos.
Cuando uno cae, cuando uno se desliza, es porque ya hace tiempo que no estamos oyendo, no estamos prestando atención. El Señor nos ha hablado de una, de otra manera. Viene un profeta, viene la bicicleta, viene tal, viene en el cual, y nosotros, y al final sucede lo que Dios nos dice, porque él siempre nos habla de una manera sabia.
Es algo que se desliza, es algo que se establece en nosotros después de mucho tiempo de ir ganando terreno, de ir ganando terreno, de ir ganando terreno y ganando terreno, como pasa con nuestros caracteres. Cuando nosotros no tratamos con nuestro carácter, y por eso es tan importante la educación de nuestros hijos, cuando nosotros no tratamos con nuestro carácter, al final los años que han hecho ir acumulando piedras sobre piedras sobre piedras sobre piedras y nos hemos ido deslizando.
Por no cambiar de sentido, por seguir haciendo las cosas de la misma manera.
Que es otra de las cosas que se me enseñó también en esta casa: ¿Sabes, Mati, lo que has hecho siempre? Sí. Pues hazlo diferente.
Si tu respuesta a esta situación ha sido esta y te ha llevado a esta conclusión, o a este conflicto, o a este lugar, Pues no cambiará el lugar si no cambias el rumbo.
Te vas a seguir deslizando y vas a llegar al mismo punto. Tienes que hacer algo diferente, tienes que cambiar el rumbo, porque si no te deslizarás. Voy terminando, dice John Owen: Nuestras mentes son por naturaleza inestables y propensas a deslizarse de las cosas divinas. Yo le leo estas cosas no por la persona que lo escribe, por eso muchas veces digo dice un pastor, ¿no? Como también leíamos en Hebreos y dice: dice tal persona, pero era David.
Porque no son importantes las personas, pero como se explican mejor que yo, pues yo se los leo. Nuestras mentes son por naturaleza inestables y propensas a deslizarse de las cosas divinas. Si no aplicamos una diligencia especial y un cuidado continuo para retener la verdad en nuestros corazones, la palabra se nos escapará insensiblemente, como el agua de un vaso roto. La decadencia en el alma no suele ocurrir de manera repentina ni mediante actos violentos de rebelión, sino de forma paulatina, a través de la pérdida del deleite y la meditación constante en la palabra de Dios, hasta que el corazón se vuelve insensible e indiferente. Mi hermano, después de todo lo que te he compartido, después de todo lo que hemos escuchado, no quiero que pierdas de vista que esta no es una acción humana.
No es algo que nace del carácter de una persona, ni que yo te lo haya dicho porque se me haya ocurrido, porque no nos predicamos a nosotros mismos.
Y lo único original, como dice el pastor José Mari, que tenemos es el pecado.
Son cosas que el Señor ha establecido como verdad en su palabra, en su sabiduría, y que no solamente nos las ha dado por medio de sus hijos, de su hijo, perdón, sino que incluso nos dice por medio de todos los testigos, de todas las personas que han caminado en este camino, que saben que esto es verdad, que esto es así. Ya sea los apóstoles, ya sea los profetas, o ya sea todos estos hermanos de los cuales te he leído y te he compartido, de los cuales podemos tomar enseñanza y ejemplo. Pero hay una cosa que a mí siempre me extraña, y no porque nosotros seamos necesarios para nadie, porque el Señor es capaz de revelar a tu corazón todo lo que necesitas saber.
Pero hay algo que me llama mucho la atención. Y es la poca necesidad que hay a veces en el pueblo de Dios, la poca pregunta, la falta de búsqueda, la falta de consejo, la falta de querer entender.
Y todas las cosas que vuestros pastores y las personas que el Señor ha puesto para que vayan por delante y sean ejemplo de vosotros, han sido cosas que otras personas, en el poder del Espíritu Santo evidentemente, han utilizado para sembrarla en nuestros corazones y en los corazones de todas las personas que a lo largo de la historia vemos.
Y es necesario que preguntes, que busques, porque yo te puedo compartir esto, pero yo no puedo poner necesidad ni hambre en tu corazón.
Y no es algo que va a nacer de un día para otro y tú te vas a levantar y vas a decir: ¡Guau! Es algo en lo que uno tiene que caminar, dejar la pereza, dejar la desidia. Y aunque te levantes y te caigas, y aunque en la semana dijiste 5 y son 2, sigas adelante y dejes que la diligencia y el interés por el Señor gane tu corazón y gane lo que el Señor te está pidiendo. Porque el joven rico era muy diligente, cumplía todos los mandamientos, pero había una sola cosa que el Señor le estaba pidiendo y no la estaba haciendo. Esa era la que tenía que prestar atención.
Esa es la que tú tienes que saber, mi hermano.
Es tu responsabilidad saber qué es lo que Dios está pidiendo de ti. Y hay libros y palabra y dirección del Señor para todas las cosas.
Es tan bueno el Señor que no solamente nos ha dejado su palabra, sino que nos ha dejado hermanos sabios Y santos que nos hablan de la santidad, que nos hablan del arrepentimiento, que nos hablan de cómo ser padre, que nos hablan de cómo ser un buen hijo en el Señor, que nos hablan de la providencia del Señor, que nos hablan de la mente, que nos hablan del corazón. Pero mi hermano, tú eres el que tiene que cavar el pozo, porque es tu casa la que se va a venir abajo, no la mía. Y eso no quiere decir que no me interese tu vida, Pero yo no me puedo poner a cavar, no porque no quisiera, sino porque no puedo. No puedo generar ni hambre, ni interés, ni nada, porque otras personas, ni mis propios pastores, las han podido generar en mí.
Y lamentablemente, lo que lo generó en mí fue la ruina.
Entonces, mi hermano, te comparto estas cosas para que no tengas que llegar a la ruina para aprender. Que tienes que empezar a estar atento con tu corazón y con tu vida. Y te vuelvo a repetir otra vez que el fundamento de esta capacidad y con el que tú te tienes que ver es con el Señor, porque él es el que te ha dicho: poderoso es.
Y tú, en tu humildad o falsa humildad, muchas veces, como me pasa a mí, le decimos: no, Señor, Conmigo no puedes.
Llévame a un psicólogo, dame una pastilla.
Ven aquí, ven a mí, acércate, ven sin dinero, que yo te voy a dar pan, que yo te voy a dar vino, que yo te voy a dar leche. Entonces, mi hermano, la misma disposición que hubo para Jonás, que hubo para Moisés, que hubo para Pablo, que hubo para Pedro, que era un cabezota, la misma está para ti. Y esos son un ejemplo de lo que Dios quiere para tu vida, mi hermano, pero tú lo tienes que buscar y tienes que ser diligente en valorar estas cosas y pedirle al Señor que las pueda producir en tu corazón. Nada más, que el Señor los bendiga.